• 3 julio, 2022 9:54 pm

El escándalo se produjo en la Nochebuena de 2019, y solo por el contraste que produce, el agua helada sobre esa nube de incienso confortable en la que estábamos, se hace un nudo en la garganta. Esa noche de buenas intenciones, de regalos y de cenas familiares, aún pese a las restricciones; esa noche de luces de colores y mensajes destellantes de paz y de amor; esa misma noche, seis tipos se confabularon para acorralar a una niña de trece años y violarla. No podía haber otra noche en todo el año en la que destacase más el contraste, ese brutal contraste, con aquello que pasa a nuestro alrededor sin que seamos conscientes siquiera de que puede estar ocurriendo.

Parece como si el destino hubiera querido ponernos delante de ese espejo, precisamente en la Nochebuena, para que nos enterásemos de una vez de aquello que ignorábamos, el horror que tenemos al lado. El horror que se produce, como es el caso, en las situaciones más inesperadas, porque supuestamente están más controladas, más vigiladas, como es un centro de menores dirigido por una administración pública, no en ningún soportal en el que duermen mendigos en la gran vía de una ciudad o en un paraje infecto de chabolas en el extrarradio de una capital. Pero fue eso, exactamente, lo que ocurrió: en la Nochebuena de 2019 una niña de origen chino, que vivía en uno de los centros de menores tutelados por el Gobierno de Baleares, fue violada por seis jóvenes, todos ellos menores de edad, entre 15 y 17 años, gracias a la ayuda de una amiga de la víctima, que fue la que la engañó y quiso convencerla después para que no opusiera resistencia.

No fue necesario que pasara mucho tiempo para que esa realidad que estaba oculta se multiplicase por muchos casos más, decenas, que venían ocurriendo en las islas desde años atrás. A los pocos días, el Diario de Mallorca ya publicó un reportaje en el que un grupo de trabajadores sociales y de policías confirmaban lo que estaba sucediendo desde hacía mucho tiempo, a la vez que denunciaron la frustración de todos ellos por el nulo interés demostrado por el Instituto Mallorquín de Servicios Sociales para reconocer, investigar y acabar con esa barbaridad. Aquí mismo, en El Confidencial, en febrero pasado, una mujer que, hace años, pasó por lo mismo que la niña china violada en Nochebuena, desveló que estas atrocidades se cometen desde hace decenas de años, porque a ella misma la violaron en 1993.

Es Joana Molinas y actualmente preside la Agrupación Ciudadana contra la Explotación Sexual. “Yo me escapaba cuando quería [del centro de Menores] y en una de las escapadas, después de tres días en la calle, acabaron violándome. Los niños tutelados no pasan hambre, ni les faltará una prenda, pero no tienen ningún tipo de control en sus salidas, mezclan abusadores con abusados, y si se escapan acaban en la calle semanas, incluso meses sin que se dé la voz de alarma”, dijo en este periódico. Pero añadió algo más, vaticinó que, por mucho que nos hubiese impresionado el escándalo de la Nochebuena, no iba a ocurrir nada porque nadie en el Gobierno tendría interés en investigarlo. “Al Consell no le interesa investigar porque sería un escándalo al nivel de los niños robados en el franquismo. Al final, lo que harán es taparse unos a otros”.

Eso fue, efectivamente, lo que ocurrió. El Gobierno de Baleares, que está formado en la actualidad por los partidos políticos de izquierda y de extrema izquierda, el PSOE, Compromís-Podemos, y Més per Mallorca, se enrocó de la peor manera, la más burda, con el único objetivo de alejar el problema de toda responsabilidad política que pudiera afectarles. Las comisiones de investigación que se aprueban en los parlamentos, en todos, siempre se crean con el objetivo principal de servir a la confrontación política constante; cuando la oposición puede reunir una mayoría para controlar esa comisión de investigación, le sirve para acorralar e intentar tumbar al Gobierno y cuando ocurre al revés, que son los partidos gobernantes los que controlan las votaciones, se utilizan para exculpar a los responsables políticos, incluso con las explicaciones más extravagantes.

Esto último es lo que ocurrió en el caso de Baleares, la oposición conservadora del Partido Popular y de Vox reclamaba una comisión de investigación, pero el gobierno de izquierdas se negó y, en su lugar, aprobó un dictamen en el que se llegó a la conclusión etérea de que “la principal causa de que haya explotación sexual infantil es que hay explotadores y agresores”. Impresionante desfachatez: la culpa es de que existe mal en el mundo, no de los gravísimos fallos en la custodia de los menores tutelados por el Gobierno de Baleares. Es la misma lógica tramposa del ‘nuevo lenguaje’ políticamente correcto que, para suavizar la dura y hasta trágica realidad de las calles, aplica el eufemismo de “personas en situación de pobreza” para no tener que hablar de mendigos, muchos de ellos con enfermedades mentales o alcoholizados, o de personas desesperadas que lo han perdido todo, trabajo, familia, casa, techo…

Por las investigaciones policiales que se sucedieron tras el brutal suceso de la Nochebuena del año pasado, lo que hemos podido saber con posterioridad es que, en efecto, como decía la presidenta de la Agrupación Ciudadana contra la Explotación Sexual, se trata de una realidad muy extendida en esas islas y, en distintas fases, se han practicado una veintena de detenciones en varias redadas contra esas redes de prostitución infantil en los centros de menores. Pero no solo en Baleares, también ocurre en otras comunidades autónomas, y desde hace muchos años, con lo que la responsabilidad política puede extenderse a todo el arco parlamentario, de izquierda a derecha. Y quizá por esa misma razón la polémica se ha embarrado en el cruce de acusaciones propio de la política española, estéril y previsible.

Uso y abuso generalizado del escándalo de las menores de Baleares que va desde el desvergonzado silencio del Gobierno de Francina Armengol, al cínico desentendimiento de la ministra de Igualdad, Irene Montero, y otros miembros del Gobierno de Pedro Sánchez, como el ministro Marlaska, pasando por la cruel y despiadada demagogia de Vox cuando Abascal y los suyos presentan estos centros de acogida como nidos de delincuentes, sin la más mínima consideración por la realidad de esos niños y niñas sometidos muchas veces a los peores abusos. Y por supuesto, la hipocresía del Partido Popular de Pablo Casado, que quiere restringir el escándalo al Gobierno de Baleares, como si en esa propia comunidad no hubieran estado gobernando ellos cuando ya se producían los abusos. De modo que, aunque haya pasado un año, trascendamos del ensañamiento, y pongámonos otra vez ante el espejo de la Nochebuena de 2019. Esa es la realidad y no podemos contribuir a taparla de nuevo.

Fuente: El Confidencial

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