Pinocho (Pixabay)

Dos animales con un papel muy destacado en el mundo de la ideología y de los prejuicios son el contertulio y el idiota. En cuanto al contertulio, se trata de una especie que gana dinero por indicarle a personas adultas lo que deben pensar sobre cualquier asunto, incluidos los temas que desconoce por completo. Esta es la razón por la que el pueblo sabio forjó, para denominarlo, el neologismo todólogo. El todólogo es parecido a una batidora, porque lo revuelve y mezcla todo y porque, para que opere, antes han que enchufarlo.

Por ejemplo, a la Wikipedia: uno de estos charlatanes aprende la historia de la Birmania del siglo XV en cincuenta segundos. Desde entonces, ya puede hablar sobre las raíces de Myanmar, sobre la expansión del Imperio mongol bajo el mando de Gengis Kan, sobre los últimos avances de la matemática cuántica y sobre el origen bacteriano de la gonorrea. También se encontrará capacitado para disertar sobre la vida y la obra de Albert Einstein que, como todo el mundo sabe, fue un conocido gitano que trabajó como matador de toros en Lérida.

Únicamente se le exigen al tertuliano ignorancia absoluta de las reglas de la gramática y alineación ideológica con el partido rojo o con el partido azul. Debe ser una alineación incondicional que lo lleve al límite de la alienación. Un contertulio solo es un portavoz político que, generalmente, recibe cotidianamente consignas de su formación a través del correo electrónico. Cuando ustedes creen que está opinando, normalmente está recitando esas órdenes que ha recibido.

Por otra parte, lo que más valoramos del contertulio es su capacidad de succión expresada en vatios. Este rasgo hermana a todo charlatán de izquierda o derecha que obedezca a cualquier partido. En realidad, ninguna de las dos formaciones grandes pretende arreglar nada ni realmente tiene ideología. Ambas son estructuras laborales en las que la gente de esos colores, o la de otros cualesquiera, consigue un empleo sin la muy engorrosa molestia de tener que aprender a leer.

Cuando el político quiere adornar su currículo con títulos adicionales, sencillamente hace un máster. Para conseguir un título de máster no hace falta ningún conocimiento, pero sí tres elementos materiales: un papel, un cordón con chapa de esos que cuelgan del salchichón de bellota y un rector universitario deseoso de agradar a un partido. El presidente o alcalde que quiere el máster rellena el documento con la especialidad que desea, le grapa el cordón del salchichón ibérico dejando la chapa hacia abajo y llama al rector para que firme. Este aparece haciendo reverencias, porque sabe que depende del político y prefiere fumarse un puro de rodillas a perder su sillón.

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