El análisis pormenorizado de los pendrives intervenidos al entrenador de fútbol de categoría infantil de un municipio de l’Horta detenido en diciembre de 2019 por presuntos abusos sexuales a menores, después de que su por entonces esposa descubriera de forma casual el material pedófilo en uno de los USB de su marido, es abrumador. Los investigadores del Grume de la Policía Nacional hallaron más de 50.000 fotografías y vídeos de pornografía infantil, y entre ellas contenido que él mismo habría elaborado, en el que se reconoce a niños de su entorno, entre ellos familiares, de los que abusa mientras están dormidos o drogados, incluso llegando a producirse acceso carnal con tres de sus víctimas.

El presunto pederasta, militar de profesión, se enfrenta a una pena de 50 años y medio de prisión por tres delitos continuados de abusos sexuales a persona menor de 16 años, cinco de elaboración de material pornográfico con niños y otro de tenencia de pornografía infantil, según la petición del Ministerio Fiscal, que ejerce la única acusación.

De hecho, la madre de los tres hermanos que aparecen en los vídeos, entre ellos el ahijado del acusado, —que apenas tenían en el momento de los hechos ocho, siete y cinco años—, renunció a interponer denuncia alguna por recomendación de un psicólogo que exploró a los pequeños, ya que éstos no son conscientes de lo ocurrido al haber sufrido los abusos en estado de somnolencia y estima que un proceso penal podría ser contraproducente para ellos.

Por ello, la Fiscalía ha estimado que no sea necesario la exploración de los menores, ni siquiera la práctica de una prueba mediante cámara Gesell, y que la contundencia del material gráfico intervenido al procesado —en el que se le identifica plenamente— sea suficiente prueba de cargo para su condena.

De igual modo, otra de las víctimas reconocida en las imágenes es primo del acusado, quien era menor en el momento de los abusos, pero que ahora siendo ya mayor de edad, ha optado también por no acusar a su familiar. Por último, en la causa figuran 38 archivos de otro adolescente desnudo que aparenta tener menos de 16 años, al que el procesado le realiza tocamientos y felaciones, y que no ha podido ser identificado por la policía.

Los hechos, de los que informó en exclusiva Levante-EMV en su día, fueron destapados la Nochebuena de 2019 cuando la esposa del acusado, entrenador de un equipo de fútbol infantil de l’Horta, en el que entrenaba a niños de entre diez y quince años, alertó a la policía para que acudieran a su domicilio tras hallar de forma casual imágenes de contenido pedófilo explícito al abrir en el ordenador un pendrive que había en la mochila de su marido.

La mujer ya sospechaba de que algo raro ocurría, aunque ni mucho menos de tal gravedad, al haber encontrado ropa interior de niño entre las pertenencias de su esposo semanas antes. Era solo la punta del iceberg de su depravación. Para que quedara constancia del hallazgo en caso de que éste tratara de eliminar las pruebas, la mujer grabó con su móvil el momento en el que abría la mochila de su marido, encontraba ropa interior de niño y un bote de chicles con seis dispositivos de almacenamiento, donde posteriormente la policía ha localizado tras su volcado más de 50.000 archivos de contenido pedófilo.

El pederasta está en libertad

La Fiscalía considera que el acusado, que se ha acogido a su derecho a no declarar desde que fue arrestado y durante toda la fase de instrucción, se aprovechó de su «privilegiada situación» como entrenador de un equipo de infantil para «grabar a los menores cuando se encontraban desnudos en los vestuarios, conservando las grabaciones para su uso e ilícito disfrute».

Asimismo, también está acusado de abusar de tres hijos de una amiga, aprovechando su relación de amistad, en fechas no determinadas de 2014, cuando se quedaba a solas al cuidado de los menores, de cinco, siete y ocho años, tanto en el domicilio familiar como en su piso de soltero. Por estos hechos, al haber acceso carnal, se le imputa un delito continuado agravado de abusos a persona menor de 16 años.

Por todo ello se enfrenta a 50 años y medio de prisión y otros 83 años de libertad vigilada, así como a la inhabilitación de cualquier profesión relacionada con menores por un plazo de 43 años. Pese a la gravedad de las penas el acusado se encuentra en libertad a la espera de juicio.

Fuente: Levante

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