• 27 septiembre, 2022 8:41 am

Primer estudio sobre la violencia infantil y el abuso en el deporte europeo

En España, en los últimos tres años, tres entrenadores han sido condenados a más de 15 años de prisión por abusos sexuales a menores. Miguel Ángel Millán, técnico de atletismo, abusó de dos atletas menores a los que entrenaba en Tenerife y de 11 más que declararon como víctimas-testigos en el juicio (entre ellos el subcampeón olímpico en Barcelona 92 Antonio Peñalver). Millán fue condenado en febrero de 2019. Carlos Franch, entrenador de gimnasia artística de Betxí, un pequeño pueblo de la provincia de Castellón, también abusó durante más de dos décadas de 12 gimnastas, algunas menores de 13 años, y en diciembre de 2020 también fue condenado.

El pasado mes de noviembre, el Tribunal Superior de Justicia de Canarias confirmó la condena por abuso de 10 años de prisión a un entrenador de baloncesto de Santa Cruz de Tenerife. Claudia Jaimez, gimnasta de rítmica del CAR (Centro de Alto Rendimiento) de León denunció en mayo del año pasado a la entrenadora Ruth Fernández por abuso verbal. Marta Xargay, internacional con la selección de baloncesto, confesó sufrir bulimia y ortorexia (obsesión por la comida sana) a consecuencia del trato del ya exseleccionador Lucas Mondelo.

El último caso que ha salido a la luz es el del exdirector de fútbol base del Barcelona Albert Benaiges, acusado por decenas de víctimas de haber cometido abusos sexuales en una escuela de la ciudad catalana. Los casos de su época de docente ponen el foco sobre su etapa en el fútbol base mexicano y en el Barcelona. Ya están saliendo denuncias de abusos sexuales con jugadores de 12 años en el club de fútbol de Sants, por ejemplo. Eso ha hecho que, de repente, se vuelva a hablar de abusos en el deporte.

Y un estudio, el primero de prevalencia sobre abusos en el deporte (publicado a finales de noviembre y financiado por Erasmus+) ha arrojado luz sobre esta lacra: el 75% de los encuestados experimentó alguna forma de violencia interpersonal o abuso dentro del deporte, al menos una vez, antes de los 18 años. En España, la cifra llega al 78% y 84% fuera de este. La violencia interpersonal contra los niños en el deporte es, por lo tanto, y como concluyen los investigadores, “un problema grave y generalizado. Persiste en todos los países involucrados en el estudio y no hay razón para creer que esto se limita solo a estos”.

El estudio ha entrevistado, de forma anónima, a 10.302 personas (la muestra de España es 1.472). La pregunta, que han contestado personas con edades comprendidas entre los 18 y 30 años, era sobre episodios de violencia sufridos cuando eran menores de edad. El trabajo de campo se desarrolló entre el 22 de octubre y el 14 de diciembre de 2020.

Dada la dimensión internacional del estudio, los investigadores se han basado en el concepto de “violencia interpersonal” adoptado por la OMS (Organización Mundial de la Salud, 2012) y el Comité de los Derechos del Niño de la ONU (2011). Se ha considerado “apropiado para garantizar un enfoque amplio e inclusivo del daño experimentado por los niños”. Para muchos, explica el estudio, el término “violencia” puede tener fuertes connotaciones de agresión física y lesión, sin embargo, “en los últimos años se ha vuelto mucho más común encontrarlo aplicado a otras categorías de daño y este es el enfoque adoptado aquí”. Los datos, por lo tanto, no se limitan a las experiencias más graves.

El estudio ha identificado tasas de prevalencia en cinco categorías, algo novedoso porque no se limita al abuso sexual. En España la experiencia más común sufrida por niños y adolescentes dentro del deporte fue la violencia psicológica (70%), seguida por la violencia física (43%), la violencia sexual sin contacto (36%), la negligencia (34%) y la violencia sexual con contacto (20%). En Europa, la psicológica fue del 65%, la física del 44%, la negligencia del 37%, la violencia sexual sin contacto del 35% y con contacto del 20%. Es la menos común, pero uno de cada cinco encuestados reflejó haber sufrido abusos sexuales.

En la encuesta, anónima, voluntaria, confidencial y con consentimiento informado por escrito, se preguntó a los encuestados si habían sufrido violencia interpersonal y si sí, de que tipo. También se abordaron cuestiones como las características de las víctimas (edad, género) y de los perpetradores, la frecuencia, duración, marco en el que se produjo, etcétera. El trabajo de campo abarca todo el deporte organizado, desde el recreativo hasta el de élite pasando por los clubes.

“Cifras tan elevadas no sorprenden”

La futbolista Vero Boquete, de 34 años, dice que las cifras, a pesar de ser tan elevadas, no le “sorprenden para nada”. ¿Por qué? “Porque hay mucha gente en el deporte a nivel de dirección y de entrenadores que no está capacitada para ese cargo, ni por nivel de conocimientos, de gestión humana, ni de como educas a la gente más joven; qué técnicas hay de enseñanza, qué técnicas hay a nivel psicológico, refuerzo positivo…”.

Ella, que fue capitana de aquella selección entrenada por Ignacio Quereda ―cuyo maltrato psicológico denunciaron las jugadoras tiempo después― reflexiona sobre el cambio que ha vivido la sociedad que, afortunadamente, ya no tiene porque tolerar ni normalizar humillaciones, insultos y faltas de respeto. Quereda, según relataron varias futbolistas en Informe Robinson se dirigía a ellas con frases como estas: “a ver si te cuidas que estás gorda”, “lo que necesitas es buen macho”, “voy a erradicar la homosexualidad” o “vaya plaza de toros que tienes”. Era la temporada 2014-1015. “Cuando eres joven no sabes reconocer bien lo que es maltrato y eso creo que pasa también a nivel social. Ahora yo me doy cuenta de muchas más cosas. Se habla más de ello y es como el efecto me too, como se habla más, la gente tiene menos miedo a hablar y se denuncian más cosas”, cuenta Boquete, en conversación telefónica.

Tampoco se sorprende de las cifras tan elevadas Claudia Jaimez, gimnasta de rítmica que el año pasado denunció haber sufrido abusos verbales en el CAR (Centro de Alto Rendimiento) de León. El CSD (Consejo Superior de Deportes) vio indicios ciertos en una investigación interna y Ruth Fernández, la entrenadora, no ha vuelto a pisar las instalaciones del centro. “El maltrato es maltrato, aunque lo consideres como algo normal porque igual es lo único que has recibido desde que eres pequeño. A mí me hizo decir basta la educación que tuve en casa: mi madre nunca me ha chillado ni me ha levantado una mano. Fuera de casa, mi entrenadora de toda la vida del club de gimnasia tampoco”.

Jaimez, que ha vuelto a entrenarse un año después en un club de Cádiz, dice que las cifras del estudio le parecen incluso bajas. “Por lo que he visto durante mi carrera… de gimnastas y entrenadoras y clubes en las competiciones y en las concentraciones”.

Vergüenza y estigma

No había datos de prevalencia antes porque nadie los consideraba necesarios o por el temor a poner sobre la mesa porcentajes de abuso y abuso sexual en el deporte. Y porque todavía existe la creencia de que no sucede, y si se produce, es algo aislado. Así lo resume Montserrat Martín, profesora titular de Sociología del Deporte y la Actividad Física de la Universidad de Vic (Universidad Central de Catalunya), que ha participado en el estudio: “Aún no se ha superado la vergüenza y el estigma que supone que tu club deportivo sea señalado porque han salido casos a la luz”.

Cada vez que esta profesora, que tiene una amplia experiencia en proyectos con víctimas de abusos sexuales en el deporte, ha intentado proponer estudios de prevalencia sobre violencia a alguna federación, se encontraba con una respuesta similar, según cuenta ella: “Bueno, si quieres te proporcionamos algo de dinero para que trabajes la prevención, para que hagas cursos y formaciones…”. Para hacer estudios de prevalencia, no.

¿Por qué? “Porque creen que se estigmatiza. Porque creen que es tirar pelotas sobre su propio tejado, porque creen que no es tan importante. Porque el mundo del deporte es humanista, es guay, ayuda a los niños a desarrollarse y de repente estamos diciendo que no siempre es así. Y no les casa”, responde Martín. No es la única persona consultada para este reportaje que opina lo mismo.

Ahora, por primera vez sí hay datos. Han salido del primer macroestudio financiado por Erasmus+, dirigido por los investigadores científicos sobre este tema Mike Hartill y Bettina Rulofs, en el que han participado siete universidades europeas y tres instituciones deportivas (World Athletics, Sport England y German Sports Youth). Los datos son demoledores. Se hizo una encuesta anónima en seis países (Alemania, Austria, Bélgica, España, Reino Unido y Rumania) con una muestra de 10.302 personas de edades entre 18 y 30 años.

Los datos indican que ha habido más víctimas masculinas (79%) que femeninas (71%) [en España el dato es de 81% y 75%, respectivamente], que los clubes han sido uno de los ambientes donde más se han registrados casos de violencia (es el contexto más indicado, de 26% a 46% en las cinco categorías de violencia). También evidencia que a mayor nivel de rendimiento, mayor posibilidad de sufrir abusos (del 68% en el deporte recreativo al 84% a nivel internacional).

En el estudio, entre los 10 primeros ítems, ocho corresponden a violencia psicológica, también conocida como emocional. No reforzar positivamente, no hacer críticas constructivas, no saber abordar el tema del peso, por ejemplo. Sobre ello reflexiona Boquete: “Que nadie se indignara hace 30 años por escuchar frases como ‘tienes el culo gordo’ es un ejemplo claro del problema que hay. Dentro del deporte ya sabemos que vivimos de nuestro cuerpo, sabemos también que las mujeres son todavía más sensibles con este tema. No digo que no tengas que corregir los hábitos nutricionales de un deportista, pero tienes que tratarlo de una manera que no sea un maltrato: no lo digas en público, no lo digas tú, que lo diga el nutricionista, no lo digas de una manera despectiva, usa el refuerzo positivo: ‘oye, vamos a marcarnos unos objetivos porque necesito que me des este rendimiento’. Pero para esto se necesita que la gente que esté al frente tenga esa capacidad, formación y educación”.

María del Mar Aracil Cayuela es psicóloga deportiva especialista en deportes náuticos, ha trabajado también en fútbol, fútbol sala, baloncesto y e-sports, y cree que los datos del estudio son reveladores, sobre todo por la alta incidencia que tiene en los clubes. “A los psicólogos este estudio nos va a dar mucha fuerza para presentar proyectos porque hay mucho trabajo por delante. Se sabe, pero faltaban datos de esta envergadura. Desde nuestra profesión tenemos los conocimientos y las herramientas, pero no las oportunidades. No hay una voluntad ni política ni institucional de hacer programas de psicología deportiva y si los ha habido han sido muy puntuales y no se mantienen a lo largo del tiempo, con lo cual el impacto no llega a hacerse realidad. Idealmente, tendría que haber un psicólogo deportivo en cada club”, afirma. No los hay.

E insiste, además, en que tendría que respetarse y ponerse en valor el que sean una figura independiente. “Somos una pieza clave en la prevención, pero también en la intervención, un recurso valioso para que los menores se sientan escuchados y poder velar por el bienestar de la persona antes que del deportista”. No tiene, por ejemplo, que forzarle a competir si está lesionado. Ni tiene que compartir sus confesiones con el entrenador de turno [algo que se ha dado en el deporte de élite].

¿La violencia está normalizada?

Para Martín, que se ha encargado de todo el trabajo de campo de España, lo más preocupante del estudio es la otra cara de la encuesta. “A pesar de las tasas de violencia interpersonal contra los niños dentro del deporte, el 85% de los encuestados calificaron su experiencia general en el deporte como “buena” (42%) o “muy buena” (43%) [el 41% en ambos casos en España]. Menos del 5% declaró que su deporte en general era “pobre” (3%). Esto puede sugerir que la violencia interpersonal está, hasta cierto punto, normalizada dentro del deporte”.

Y esa sensación de que es algo que forma parte del camino y del entrenamiento para llegar a lo más alto, es lo que suelen relatar las víctimas de abusos. Una de ellas ―gimnasta del entrenador de Betxí―, lo contó a este diario. “Aguantaba porque la gimnasia seguía siendo mi pasión y quería formar parte de la selección española. Lo veía tan cerca que decía: no lo puedo dejar ahora, tengo que seguir. Llegué a pensar que tenía que aguantar todo lo que había que aguantar para poder llegar, y que si no lo hacía, no iba a llegar”.

También lo vivió así Claudia Jaimez: “Yo desde el principio sabía que lo que estaba pasando en el CAR de León no era normal, que te insultasen no lo veía normal. Pero, estando allí, yo pensaba que la única forma de seguir en el equipo nacional era soportar eso, porque ella era la entrenadora de allí y el resto de niñas estaban viviendo la misma situación que yo. Te piensas que si las demás lo han pasado, es que será que es lo que se necesita para el deporte”. ¿Hasta qué? “Hasta que te das cuenta de que cuando sales te quedas tan perjudicada que entiendes que eso no debería ser así”. ¿Valoraría, pese a todo, su experiencia como buena? “Teniendo en cuenta que la mayor parte de mi carrera deportiva la he pasado fuera del equipo nacional, podría decirte que sí. Lo he pasado, todavía sigo en proceso. ¿Ha sido positivo, no? ¿Eso significa que toda mi carrera deportiva va a ser negativa?, tampoco”, contesta Jaimez.

Para cada tipo de violencia interpersonal se han asociado diferentes ítems. Por ejemplo, la violencia psicológica incluye, entre otros, las amenazas, humillaciones, exclusión o aislamiento. La física, los castigos u obligar a competir a alguien que esté lesionado; la negligencia es la falta de apoyo o supervisión. La violencia sexual incluye tocamientos, miradas, comentarios sexuales o ritos de iniciación sexual.

Carolina Lluch, fiscal de menores en la Audiencia Provincial de Castellón, se ha encargado en los últimos 10 años de formular la acusación en varios procedimientos de abusos sexuales, y es la que dirigió la acusación contra Franch. Celebra que por fin haya un estudio exhaustivo sobre la violencia en el deporte y espera que las instituciones deportivas sepan valorarlo. “Las muestras son amplias y nos da una radiografía total. Nosotros, por ejemplo, en la Fiscalía no distinguimos a la hora de facilitar datos sobre los ámbitos en los que se han producido los abusos sexuales. A través de este informe se puede saber cuál es la situación de los menores que practican deporte. Analiza, además, muchísimas formas de violencia. Me alarma que se normalicen ciertos tipos de comportamientos y se asuman como parte del entrenamiento”.

Le preocupa también que “solo entre el 4% y el 6% [en España llegan al 8%] han pedido ayuda dentro del contexto deportivo”. De ahí la necesidad de hacer campañas. “Tendrían que hacerse con más frecuencia y continuidad, similares a las que se hacen con la violencia de género. Es positivo porque muy pocas víctimas se reconocen como tales. Y más si eres menor de edad y estás en un ambiente tan estricto como es el deportivo”.

Recalca Martín que Bélgica, Reino Unido y Alemania, por ejemplo, se han tomado en serio el tema de la prevención, y tienen estudios sobre prevalencia aunque siempre habían sido un poco marginales. “Aquí lo que se quería era aprovechar la oportunidad de hacer un estudio europeo. Si no llegamos a hacerlo, no creo que en España hubiéramos tenido datos de prevalencia en mucho tiempo”. Cree que mientras antes se negaba la existencia del abuso o se achacaba a alguna “manzana podrida”, ahora estamos en otra fase. “Se empieza a entender que es más sistemático y se invierte en formación. Las campañas son una manera de reconocer que ya no es un caso tan aislado, porque si no, no merecería una campaña de sensibilización. Para mí, el problema aún sigue siendo que cuando se detectan casos, echan a los perpetradores por la puerta de atrás y no hay denuncias formales”.

Fuente: El País

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