Los domingos por la noche, cada vez que Luz empezaba a preparar la maleta de su hijo para comenzar una nueva semana en la escuela, no era consciente de que para él significaba volver una vez más al infierno.

Alejandro (nombre distinto al real para salvaguardar su anonimato) entró con cuatro años al Colegio Salesiano Sagrado Corazón de Jesús en Antequera, más popularmente conocido como Los Salesianos o Aguirre; y lo dejó a la edad de nueve años sin terminar sus estudios de Primaria. Y es que, desde entonces, el joven no ha vuelto a pisar ningún otro colegio.

Luz lo entendió todo cuando saltó a los medios de comunicación el caso en el que acusaban a un monitor de 30 años que vigilaba por las noches a un grupo de internos del centro por presuntamente haber abusado sexualmente de un menor en el colegio religioso. «De más mayorcito, con 7 u 8 años, le entraban ataques de ansiedad y lo único que me decía era que no quería quedarse a dormir en el centro», algo que la madre atribuía a la añoranza que podía sentir el niño de pasar más tiempo con su familia.

Luz es empresaria y se vio obligada a matricular a su hijo en este centro en régimen de internado debido a la falta de tiempo ocasionada por el exceso de trabajo. Pero no se quedó tranquila ya que la actitud de su hijo no era normal «porque le costaba un mundo ir a la escuela», cuenta su madre.

La peor de las noticias llegó cuando la pediatra del Hospital Materno Infantil de Málaga le instó a que pusiera una denuncia en comisaría al comprobar que efectivamente, habían forzado de su hijo. «Quedé destrozada. Ese hombre estuvo cuatro años abusando de mi niño».

Y es que Alejandro nunca contó nada de lo que le estaba ocurriendo porque estaba amenazado. Con el paso del tiempo y con mucho trabajo previo, el menor empezó a abrirse de nuevo y a explicar cómo se sintió con ayuda de los psicólogos y su familia. «Lo he pasado muy mal». Unas palabras que expresaban todo el calvario que había vivido y que fueron ganando más peso conforme fue desvelando cada una de las situaciones por las que había pasado, noche tras noche.

Y es que según cuenta su madre, el pequeño fue intimidado reiteradas veces con un cuchillo, fue obligado a bañarse con agua fría, era sometido en el baño y fuera de las estancias del centro, y también tenía que tomar pastillas que lo dejaban lacio, algo en lo que coinciden otros menores. «Tenía que hacer todo lo que le pidiera, cosas muy fuertes» relata con impotencia Luz, quien prefiere no entrar más en detalles aunque ya lo lleva «clavado en el alma».

Aunque las noches eternas en Los Salesianos llegaron a su fin, las pesadillas no desaparecen para Alejandro, que desde entonces necesita la compañía de su madre a los pies de su cama. «Llevo tres años de guardia porque cree que el monitor va a venir a matarnos» confiesa Luz, quien todavía está intentando convencer a su hijo de que nadie volverá a hacerles daño.

Todo esto le ha causado tal trauma y pánico que el menor no ha vuelto a ir a una escuela. Aunque lo han intentado, Luz asegura que es «totalmente imposible» porque le han quedado secuelas psicológicas. Para conseguir una solución han acudido a «todas partes», desde Servicios Sociales hasta la Fiscalía de Menores, donde le prometieron ayudarles. «Mi hijo, un niño de sobresalientes y buenísima conducta, lleva desde 2018 sin recibir enseñanza educativa. Dejó el colegio en cuarto de Primaria, ahora tiene doce años y todavía estamos esperando que le pongan educación en casa como nos dijeron».

El conocido abogado madrileño que defiende este caso, Marcos García Montes, concreta que no solo van a solicitar el ingreso en prisión del acusado como responsable subsidiario, sino además «la imputación como persona jurídica del propio colegio, que tenga condición de investigado». El letrado asegura que la mayor prueba es el propio testimonio de la víctima, lo que se suma a la actitud del colegio al despedir al monitor «como un reconocimiento de los hechos».

Tras ser detenido, el monitor salió en libertad con cargos tras prestar declaración y abonar la fianza. «El problema que se plantea siempre es la presunción de inocencia, frente el derecho de las víctimas. En este caso, al ser un abuso múltiple, no es normal que esté en libertad provisional», explica García Montes, haciendo referencia a la alarma social vigente. «Imagínate la de niños y padres que pueden estar asustados porque este hombre está en la calle, porque más que un problema social, es un problema patológico al tener inclinaciones sexuales». Esta historia la comparten más compañeros que dormían en la misma planta. Las familias reclaman justicia asegurando que no pararán hasta conseguirlo.

Otros menores también denuncian

Los familiares de hasta cinco menores más se suman a la denuncia de estas presuntas agresiones sexuales. Además, recriminan la lentitud y poco avance de los procesos judiciales sintiéndose «desamparados ante la ley» al igual que denuncian la poca ayuda psicológica recibida por parte de los órganos pertinentes para sus hijos. Ahora continúan las diligencias para poner sobre la mesa más recursos que prueben la veracidad o no de los hechos para abrir un juicio oral que desemboque en una sentencia definitiva.

Fuente: La Opinión de Málaga

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