• 25 mayo, 2022 4:28 pm

Manipulación en las cifras sobre las mujeres que asesinan a sus hijos en España

La periodista Ana Sharife está obsesionada con algo que le hace daño, pero que necesita investigar: los filicidios. Publicó en 2019 en El Confidencial un excelente reportaje sobre el tema, y ahora ha publicado en ‘El Mundo’ otro con los datos actualizados de este año. Cuenta que hubo 17 filicidios en 2021. Seis crímenes los cometió el padre, cuatro los cometió la madre, dos los cometieron ambos, dos fueron obra de las madres junto a sus nuevas parejas y uno lo cometió el padrastro. Si no te salen las cuentas es porque un par de casos se saldaron con la muerte de dos hermanos.

Me contó Sharife por teléfono que su único modo de hacer este recuento es estar atenta a las noticias de sucesos de los medios de comunicación, puesto que en España no se hace un registro oficial: el INE no incluye la relación de parentesco de la víctima con el homicida, ni tampoco su sexo. Lo más parecido a un registro público es la lista que anuncia el Ministerio de Igualdad a bombo y platillo desde que contempla la ‘violencia vicaria‘ como cómputo para los datos de violencia de género. Es decir que solo cuentan al niño asesinado en caso de que lo haya matado un hombre.

Esto llegó a un punto casi obsceno el día 13 de enero, cuando el ministerio lanzó a través de la Delegación del Gobierno contra la Violencia de Género un tuit con las cuentas del año 21. En el apartado de filicidios, mencionaban las siete víctimas infantiles de hombres, obviando el resto. El tuit contenía información cierta y al mismo tiempo era una manipulación palmaria de la realidad. Al verlo, sentí esa clase de alerta que te asalta cuando un vendedor telefónico te pinta una oferta demasiado apetecible. ¿Qué es lo que no me estás contando porque no quieres que lo tenga en cuenta para tomar mi decisión?

Cualquier malpensado podría inferir que el Ministerio de Igualdad utiliza en sus campañas los filicidios que le son útiles por razones de coherencia propagandística. Alguien podría salir entonces en defensa de Montero argumentando que esto es comprensible, porque el trabajo del ministerio es el estudio y erradicación de las violencias contra las mujeres. Sin embargo, cuando son niños asesinados lo que entra en la ecuación, creo que la perspectiva de género puede ser un tanto obtusa. Sobre todo, si la consecuencia de aplicarla a rajatabla es el borrado de la mitad de los niños asesinados en un año.

Cosa muy diferente sería dar los datos completos de filicidios y resaltar o subrayar la parte que atribuyen al machismo, pero esto implicaría publicar en las cuentas de Twitter del Ministerio de Igualdad y sus observatorios afines la realidad de que algunas mujeres asesinan a sus hijos. ¿Qué es más importante para la clase política, el relato o la verdad? ¿Los hechos o la propaganda en la que los hacen encajar?

Será que estoy hipersensible con esto desde que tuve al crío, pero la violencia contra la infancia ejercida por los padres me hace olvidar lo que pienso del Estado de derecho. A unos padres que matan al crío yo los colgaría de una viga para que la gente los destripara, y me da igual que sean hombres o mujeres. Es fantástico que el Estado tenga el monopolio de la violencia porque los padres somos bárbaros absolutos. Por eso no tolero que el Estado manipule las cifras del asesinato de los niños con esta desfachatez.

En España unos pocos hombres y mujeres matan a sus hijos sin que sepamos por qué. No creo que esto vaya a dejar de pasar, igual que no creo que algunos hombres vayan a dejar de matar a sus parejas, o de violar. La maldad, la desviación, la morbosidad, la monstruosidad están ahí desde que llegamos. No se irán del todo por más campañas que se orquesten o dinero se destine a mecanismos de prevención. Lo que me parece mal es el aprovechamiento de esa realidad. Que un ministerio use este material a su gusto para amasar su discurso me enferma.

No es mi competencia

La protección de la infancia depende más del Ministerio de Asuntos Sociales y Agenda 2030 que de Igualdad. Pero leo entre las funciones del que capitanea Irene Montero, en su propia web, que buscan “la eliminación de toda forma de discriminación por razón de sexo, origen racial o étnico (…) edad, discapacidad o cualquier otra condición o circunstancia personal o social”. Subráyese «discriminación», subráyese “edad”, subráyese “cualquier otra circunstancia personal o social” y nótese la discriminación que, sin embargo, aplican a unas estadísticas que afectan a la infancia.

¿Tal vez el sesgo se compensa en las publicaciones del Ministerio de Asuntos Sociales, coautor de la Ley de Protección de la Infancia, donde Igualdad aplicó varias capas de perspectiva de género? Teniendo en cuenta que la ministra es Ione Belarra y que antes lo fue Pablo Iglesias, quizá se pueda intuir la respuesta. La web del ministerio de Belarra ofrece pocos datos, la mayor parte obsoletos, previos a esta legislatura y a la creación de ese organismo. Los últimos informes publicados en la web son el de la Fundación Anar del año 2016 y el de la Fundación Educo de 2018, centrado en los costes sociales del maltrato a la infancia.

Algo parecido pasa en la web del Observatorio de la Infancia, organismo vinculado a Asuntos Sociales. Encontramos allí un informe del Centro Reina Sofía de 2011 e iniciativas más recientes, pero la página no parece haberse renovado desde hace años. De hecho, el enlace desde la web de Asuntos Sociales a la del Observatorio de la Infancia está roto. Puede parecer una minucia, pero son esos pequeños detalles los que hacen pensar en el desdén de las administraciones sobre el tema que nos ocupa. Pero este desdén desaparece en según qué casos interesantes.

Las declaraciones y tuits de Irene Montero tras el caso de Tomás Gimeno, quien asesinó a sus dos hijas Anna y Olivia y se suicidó después, son una muestra. Montero recorrió todos los medios y utilizó esa noticia para vender a la ciudadanía su concepto de ‘violencia vicaria’. Se lo recordaron por Twitter cuando un mes más tarde, en Sant Joan Despí, una mujer mató a hija asfixiándola con una bolsa de plástico en venganza contra el padre, porque no quería volver a salir con ella, pero esta vez no hubo más que un marmóreo silencio por parte de Montero.

«Si la asesina es la madre, no es mi competencia», parecía decir este silencio. Si alguien se atreve a afirmar que los niños asesinados por sus madres no son competencia del Ministerio de Igualdad, pero sí los niños asesinados por sus padres, que lo escriba en un papel y lea la frase. Para mí es imposible de entender.

Nos han dicho que la violencia vicaria es la que ejercen los hombres contra las mujeres dañando a los hijos. Se han levantado campañas de concienciación en torno a casos espantosos que encajaban con ese enfoque, y se ha guardado silencio con los que no convenían. Pero basta juntar las piezas para leer un mensaje: nos están diciendo que la importancia de los niños asesinados reside en el daño que con esto se hace a las mujeres. Es decir: que el niño es un actor secundario en esta película.

A las declaraciones públicas me remito para afirmar que el niño asesinado en España sólo despierta la atención del Ministerio de Igualdad en función de quién lo haya matado. Tampoco es importante para el ministerio averiguar por qué ha ocurrido, sino salir a explicar a la ciudadanía de qué manera encaja la noticia en la teoría. Lo vemos ante cada feminicidio: siempre ha pasado lo mismo, siempre, como si la teoría lo engullera todo. Pues bien: ahora nos dicen que los asesinatos de hijos por parte de padres también tienen la misma causa. Lo que no encaje en el esquema, no existe.

Podemos llegar a la conclusión lógica de que en España hay dos castas diferentes de niños asesinados: los útiles para el ministerio y los inútiles. Creo que no hace falta decir mucho más.

Fuente: MSN Noticias

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