Son las ocho de la mañana y Marco, de 15 años, espera apoyado sobre un coche a que abran la puerta del IES Isaac Peral en Torrejón de Ardoz, uno de los centros señalados por el segundo Observatorio de Bandas latinas en la Comunidad de Madrid como centro habitual de captación de menores por parte de las bandas.

Cuando Marco es preguntado sobre la existencia de bandas latinas en el municipio no parece sorprendido, si no todo lo contrario: contesta con la naturalidad de quien está acostumbrado a convivir con este fenómeno social. “No tengo miedo porque es algo entre ellos”, asegura este alumno de 4º de la ESO que no conoce a nadie perteneciente a la banda, pero sí ha presenciado cómo varios grupos acuden a la salida del colegio.

Lucía, de 16 años, confirma el testimonio de su compañero Marco: “Hay gente de las bandas que estudia aquí y vienen a por ellos”. Aunque a la salida del colegio se han vivido situaciones muy violentas, “han llegado incluso a pegarse”, el lugar de encuentro de las bandas es “Barras”, un parque cercano al colegio que parece ser reconocido por todos los estudiantes del instituto.

El Centro de Ayuda Cristiano, encargado de realizar el Observatorio, revela que hay alrededor de 2.500 jóvenes relacionados con bandas latinas en Madrid: 500 entre 11 y 13 años, 1.200 entre 14 y 18 años, y 800 entre 19 y 25 años. La captación en los centros de enseñanza ha crecido durante la pandemia al estar cerradas las discotecas, que históricamente eran puntos de captación de las bandas, en muchas ocasiones dueñas incluso de los locales. La Policía, en contraste con estas cifras, dice que hay en total 400 miembros de estas bandas «fichados» en la Comunidad.

Impresiona lo interiorizado que tienen los alumnos de este instituto de Torrejón de Ardoz la presencia de bandas latinas. Aitana, de 15 años, ya sabe diferenciar entre los Trinitarios y los Latin King, dos de las bandas con mayor presencia en la Comunidad de Madrid. Desde su punto de vista el problema de relacionarse con ellos es que “comienzas a hacer cosas que antes nunca hacías, te dejas llevar por la mala influencia”.

“El entorno es negativo y los miembros usan su poder para imponer y dar miedo al resto”, reflexiona mientras me cuenta que el año pasado visitaron el centro dos expandilleros para concienciar a los alumnos del peligro de pertenecer y relacionarse con bandas.

Concienciar del peligro

El Centro de Ayuda Cristiano impartió la primavera pasada, a petición del Instituto, dos charlas a los estudiantes de 2º de Secundaria, dado que se habían registrado varios intentos de captación de menores por parte de las bandas. “Este año no tenemos ningún caso detectado. Se ha hecho el seguimiento de algún alumno porque sus familias estaban preocupadas, pero se cree que no tienen contacto con estos grupos”, dice Elisa Poveda, jefa de estudios del IES Isaac Peral, que destaca que no es solo un problema del centro, sino “un fenómeno generalizado en todo Torrejón”.

Cuando se tienen sospechas de que un menor puede estar siendo captado por una banda se inicia un protocolo de intervención y se contacta con la policía para que comience una investigación. “El proceso de captación es muy lento, no es algo localizado ni muy llamativo”. “Suele pasar inadvertido con invitaciones a fiestas o regalos que provocan en el menor un sentimiento de pertenencia al grupo y admiración, lo que le lleva a preguntarse qué debe hacer para permanecer”, informan desde el Centro de Ayuda Cristiano.

Las redes sociales suelen ser el mayor aliado de los docentes a la hora de saber que un alumno se está “alejando de su camino”. Los perfiles a los que sigue el menor o sus publicaciones pueden alertar al centro de que algo va mal, además de su vestimenta y conducta que empieza a ser desafiante y violenta.

“Cuando la banda te llama tienes que presentarte, por lo que el joven comienza a tener horarios inusuales y a salir de casa de forma imprevista. Se muestra nervioso y agresivo porque suele comenzar a consumir alcohol y otras sustancias. Los jóvenes tienen que pagar una cuota de permanencia por lo que pueden, incluso, empezar a robar en casa”. Estas son algunas de las señales que desde el Centro de Ayuda Cristiano dan a las familias que sospechan que sus hijos están “coqueteando” con bandas.

“Las charlas en primera persona les ayudan mucho porque impactan”, dice Ana López-Brea, orientadora del centro, que asegura que continuarán impartiéndolas este año porque a raíz de las mismas “siempre salen cosas a la luz”. Desde el Centro de Ayuda Cristiano indican que, en ocasiones, durante las charlas, los alumnos, que huían del estereotipo de posibles pandilleros, “han confesado que estaban en contacto con las bandas y han pedido ayuda”.

Centros de captación

El IES Isaac Peral no es el único centro al que las bandas suelen acudir para captar menores. El Observatorio informa que varias bandas también intentan habitualmente captar adeptos en el colegio Raimundo Lulio de Vallecas, en el instituto Gómez Moreno de San Blas, en los colegios Santo Domingo Savio y Jesús María de Simancas, en el instituto Celestino Mutis de Villaverde, en el Ciudad de Jaén y en el de Tierno Galván en Orcasur y San Fermín. La mayoría de estos centros no han querido dar su opinión o aseguran no convivir con este tipo de problema por miedo a “manchar su imagen”.

Este tipo de episodios se repiten con frecuencia en otros muchos centros de la Comunidad de Madrid. Manuel Cánovas, director del colegio Jaime Vera en el distrito de Tetuán, asegura que en este centro “no se ha dado la situación” porque solo tienen hasta la etapa educativa de Secundaria, pero que es un fenómeno habitual en los institutos cercanos, “cuando los alumnos ya tienen entre 12 y 15 años”.

El pastor Alberto Díaz, director del programa de bandas latinas del Centro de Ayuda Cristiano, recibe a EL ESPAÑOL en la sede de esta iglesia evangélica, que ha atendido a unos 300 jóvenes directamente implicados, y asegura que el objetivo del Observatorio es “ayudar, no estigmatizar”.

“Entiendo la preocupación de los profesores, pero creo que hay que romper una lanza a favor de aquellos docentes o centros que puedan tener un problema como este y carezcan de las herramientas suficientes para ayudar a los jóvenes”.

Alberto asegura que “se han vivido momento muy difíciles” y que en muchos centros, a la entrada o salida del colegio, se ha hecho lo que se conoce como “paseíllo”, una forma de amedrentar a los alumnos, e incluso a los profesores, para controlar quién entra y quién sale.

El Observatorio informa de casos en los que los adolescentes más débiles, víctimas de acoso escolar, se han escondido dentro del colegio y han tenido que pedir a algún profesor, o al mismo director, que les acercara a su domicilio en su coche particular. Además, algunos institutos han tenido que llamar a la policía para que dispersara estos “paseíllos”.

Con la aparición de las redes sociales y la facilidad de acceso, la edad de incorporación a las pandillas también se ha adelantado este último año y en varias de ellas se han detectado jóvenes a partir de los 11 años de edad, aunque el grueso lo componen pandilleros entre 15 y 23 años.

Las bandas latinas siempre han buscado integrantes menores para portar drogas o armas, ya que el código penal no puede imputarles de ninguna forma. Además, “nadie va a pensar que un niño de tan corta edad va a estar expuesto a este fenómeno social”, indica Alberto, que recuerda la importancia de la prevención, “no podemos esperar a que ocurra una calamidad para actuar”.

El Centro de Ayuda Cristiano tiene un grupo llamado Fuerza Joven en el que reúne a ex miembros o personas relacionadas con las bandas, independientemente de su nacionalidad y edad -hay muchos españoles de familias conservadoras en pandillas- para proporcionarles “un ambiente de paz, seguridad y valores”, a través de actividades culturales, artísticas y deportivas.

“Les ayudamos a romper su círculo porque viven en una espiral de miedo y de violencia. Mejor que salir de una banda es no entrar”, sentencia Alberto, que incide en la necesidad de enseñar la realidad y “abrir los ojos a la sociedad”. Para el Pastor, “hemos fracasado como sociedad. Hemos llegado tarde y no hemos sabido aportar a los jóvenes una salida”.

Fuente: El Español

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