• 2 julio, 2022 7:09 am

Los padres de un menor de 5 años de Majadahonda denuncian abusos sexuales en un colegio religioso concertado y un centro deportivo

Estremecedor testimonio de unos padres de Majadahonda ante los periodistas Iñigo Domínguez y Julio Núñez: “Los obstáculos se resumen en la experiencia que relata un matrimonio de Majadahonda, Madrid, muy crítico con la actuación judicial. En 2018, su hijo de 5 años comenzó a comportarse de forma extraña, a usar términos sexuales sorprendentes, a tocar los genitales de los maniquíes en las tiendas y hablar de “chupar colas”. Y los dibujos: “Penes gigantes. Decía cosas que un niño no puede saber”, cuenta su madre. Lo llevaron a una psicóloga, que tras varias sesiones, diagnosticó que tenía un claro shock postraumático y había sufrido abusos sexuales. La familia denunció y el caso lo asumió el juzgado de instrucción número 3 de Majadahonda. Los indicios apuntaban a que ocurrían en el colegio, un centro concertado religioso. Al principio parecía que se trataba de algo que sucedía con otros dos niños, pero dos meses más tarde el menor identificó a dos adultos, un profesor y un monitor de un centro deportivo cercano. Decía que les llevaban a un lugar seguro, uno vigilaba, les daban antes “caramelos de gas”, y después de hacer “cosas feas”, chucherías de premio. “Pero el juzgado no hizo absolutamente nada, no nos llamó a declarar a nosotros, ni a las dos personas que identificó mi hijo, ni a la dirección del colegio, ni exploró a los otros dos menores, cuyos padres no quisieron denunciar”, acusa el matrimonio. Los otros dos niños dejaron el colegio.

El diario “El País” ha desvelado un caso de pederastia en Majadahonda que permanecía oculto. Y da los detalles: “En estas investigaciones muchas veces es la palabra de una persona contra otra, y en concreto de un niño contra un adulto, no hay más pruebas, y se convierte en crucial el informe de credibilidad del psicólogo forense, única base para el juez para seguir adelante. “En nuestro caso le vio apenas 15 o 20 minutos, un año después de la denuncia, y era un varón, que cualquier experto recomienda que no sea del sexo del agresor. Fue a solas, en un despacho del juzgado. Dijo que no había nada, es más, que le habíamos creado una falsa memoria ¿Cómo nos vamos a inventar eso, que le salía un pis blanco de la cola, cómo sabe un niño eso?”.

“La psicóloga del niño había tardado 2 meses en que le contara algo. Le acompañó al forense y se ofreció a estar presente y ayudarle, pero no le dejaron. “Al salir el niño me cogió de la mano y me dijo: no he sido valiente, no he contado nada”. Tuvo que animarle: “Es una retraumatización constante, el proceso judicial va por un lado y el mundo va por otro”. Psicólogos especializados y expertos consultados por este periódico aseguran que es imposible averiguar nada de un niño de esa edad en tan poco tiempo, crear un vínculo empático, y solo con lenguaje verbal, sin juegos, dibujos, ni las técnicas adecuadas. La juez archivó el caso. La Audiencia Provincial lo confirmó. Contactados por este periódico, la juez, la fiscal y el psicólogo forense del proceso han preferido no manifestarse. El colegio asegura que colaboró con el juzgado, pero que no llegó a haber denuncia contra nadie. El profesor identificado negaba la acusación y “lleva 30 años aquí, no ha habido jamás nada”. La familia también relata que la directora fue trasladada tras salir a la luz el caso, pero el colegio sostiene que ya había sido anunciado antes. El centro deportivo donde trabajaba el otro adulto identificado asegura que la Guardia Civil solo les pidió un listado de empleados y no volvieron a saber nada del asunto. “Ni sabíamos que el niño había identificado a una persona”, admiten.

“Lo trágico es que, pese al archivo, queda la evidencia de que el niño tiene un trauma y ha sufrido abusos. Dos profesoras del nuevo colegio del menor del caso de Majadahonda coinciden: “Está claro que a este niño le ha pasado algo, es evidente”. Se dieron cuenta sin que los padres les dijeran nada, y luego hablando con ellos les contaron lo ocurrido. Su actual tutora relata: “Decía que se tuvo que venir al cole porque en el otro había malos, y que había hecho una cosa muy mala, y él era muy malo. Se culpabilizaba mucho, cuando dibujaba luego emborronaba todo. Era un niño muy bloqueado emocionalmente, está claro que le ha pasado algo grave. Unos padres no se inventan eso”. El problema es que la justicia no logra o no sabe obtener las pruebas. La mayoría de los abusos no dejan huella”, añade el reportaje. Marta Valcarce, fiscal delegada de víctimas y de menores de la Fiscalía de Sevilla, explica la dificultad de su trabajo: “Tenemos que compaginar la presunción de inocencia y evitar la revictimización. Es como estar con varias bolas en el aire y es difícil que alguna no se te caiga. A veces yo le he dicho a un denunciante: mira, yo te creo, pero no puedo tirar adelante solo con tu declaración, y no te voy a arrastrar a un juicio que va a ser muy duro y puede que acabe en absolución”.

Rafael De Andrés, el abogado de la familia de Majadahonda, es contundente: “He llevado varios casos y son imposibles, solo si hay pruebas muy claras. Estos procedimientos están dirigidos al archivo, no son para investigar, hacen diligencias mínimas porque hay una falta de medios bestial de los cuerpos policiales y los juzgados”. Cree que pesa mucho el miedo a lesionar derechos de los acusados, que tampoco están suficientemente protegidos y pueden ver dañada irremisiblemente su reputación. Natalia Velilla, juez de primera instancia en el juzgado número 7 de familia y protección del menor de Móstoles (Madrid), recuerda un ejemplo de esto: “Tuve un caso de un profesor acusado injustamente. Le echaron del colegio, ganó luego el juicio, pero quedó estigmatizado”.

Al final quien sufre las consecuencias es quien denuncia, y nace un segundo trauma. “Ves que quien tiene que perseguir el delito te cuestiona a ti. El proceso tiene las características de un suceso traumático: ilógico, incontrolable, inesperado”, resume la psicóloga que ha tratado a los padres del menor. Sonsoles Bartolomé, responsable del departamento jurídico de Fundación ANAR, cree que “es todo una carrera de obstáculos”. “Escuchas a las víctimas y dices: qué valientes son. Tras declarar, te dicen: parecía que el acusado era yo”, resume. En el caso de Majadahonda, los padres también están en terapia y llevan gastados 20.000 euros en tratamiento y abogados. Han decidido abandonar para cuidar su salud y no martirizar más a su hijo, que ha afrontado cuatro informes psicológicos y cada uno de ellos suponía retroceder en su curación.

Fuente: Majadahonda Magazine

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