Decenas de miles de rumanos tienen una deuda pendiente con su pasado. En concreto, con su paso por los orfanatos durante la dictadura de CeaucescuSe calcula que medio millón de niños pasó su infancia en esos centros, donde los abusos, la escasez, el hambre y las violaciones estaban a la orden del día. En Portada ha viajado hasta Rumanía para hablar con los supervivientes de aquella oscura etapa, y para comprobar, sobre el terreno, cómo están esos orfanatos 30 años después.

Visinel Balan apenas tenía tres años cuando un pelotón de fusilamiento ajustició a Nicolae Ceaucescu en aquellas frías navidades de 1989. Pero cuando aquel niño entró por primera vez en un orfanato, en 1987, vivió de cerca el rigor de la educación en los centros levantados durante la dictadura comunista. «Si no dormías, te pegaban. Era una lucha difícil, fea. Te pegaban con dureza hasta que te entraba sueño. Y al final terminabas durmiendo por agotamiento», explica Balan.

La vida de Visinel

Aquel niño que sobrevivió al centro de acogida número 6 tiene hoy 33 años, una licenciatura en derecho y un trabajo como abogado. Su caso es un rara avis, porque no es fácil salir indemne a una infancia vivida en aquellos orfanatos de Ceaucescu. Y no es fácil pasar página. Visinel jamás podrá olvidar el nombre de algunas educadoras en Comanesti, a unas siete horas en coche al norte de Bucarest. «Veo a Celina, a Casandra y a otras educadoras… Recuerdo que sólo podían controlar su frustración a base de violencia. Realmente llegó un momento en que, si te hacías pipí, te golpeaban y te paseaban por todas partes. Y después te pegaban, te humillaban. No por casualidad, muchos de mis colegas se han suicidado, porque a nivel mental no podían aceptarse a sí mismos. Es difícil asimilar que tú has pasado por esto, que has podido resistir este tipo de trauma. Y muchos de los niños se orinaban… porque estaban enfermos», relata Visinel.

Visinel fue una de las cientos de miles de víctimas de la agresiva política pronatalidad de Nicolae Ceaucescu. Cuando llegó al poder, el Padre de la Patria tuvo el sueño de cualquier dictador: tener un país grande y poderoso, y una población rendida a sus pies. Para cumplirlo, el primera paso era aumentar la población. En 1966, Ceaucescu prohibió el aborto y los métodos anticonceptivos. Miles de mujeres murieron en abortos clandestinos, pero en pocos años, Rumanía duplicó su índice de nacimientos. La propaganda lo dejaba claro: dar a luz a un niño era un regalo para el país. La obligación de la mujer era traer al mundo a una legión de trabajadores al servicio del Estado.

Esa brutal política trajo consecuencias inmediatas. Las familias no podían sostener a cinco, seis o siete hijos. Y muchas de aquellas criaturas fueron entregadas a los orfanatos del Estado. Ceaucescu buscaba un modelo de hombre nuevo, sano, vigoroso y presentable ante el mundo. No le valían los discapacitados físicos e intelectuales. Estos últimos, estaban condenados a morir en hospitales y residencias apartadas de Bucarest, el gran centro de poder.

Cighid, El Castillo del terror para niños con discapacidad

Uno de esos lugares perdidos, donde el dictador rumano envió a morir a miles de niños con discapacidad es Cighid, a 600 kilómetros de Bucarest. Es un lugar remoto, una zona agrícola cercana a la frontera con Hungría. Todavía hoy parece detenida en el tiempo. En ese paraje perdido está la residencia donde, hace 30 años, una televisión alemana mostró al mundo lo que ocurría en la red de orfanatos que con tanto orgullo levantó Ceaucescu. En Rumanía, todos lo llaman El Castillo del terror. Aquellas imágenes de niños desnutridos, aquella legión de seres en los huesos conmocionó al mundo y provocó una ola de solidaridad mundial, cuya primera consecuencia fue un aluvión de adopciones internacionales.

Son pocos los niños que tras pasar por allí ahora mantienen la cordura y el nivel de independencia suficiente para recordar lo que vivieron en el interior de aquel castillo. «No había agua caliente, no había calefacción. Había días en los que comíamos, otros no. Los niños que eran enviados allí era prácticamente para que murieran», confiesa Iosif Valov. A su lado, Calin Lacatus, otro superviviente, lo interrumpe: «Había muchas ratas rondando por allí. Venían desde el baño. Realmente teníamos mucho miedo y nos cubríamos para que no nos comieran».

Han pasado tres décadas, pero para los huérfanos que sobrevivieron a aquellos campos de exterminio el tiempo corre demasiado lento. No ha habido ni una investigación oficial sobre lo que pasó en aquellos orfanatos. No hay ni un responsable detenido. La justicia es un concepto efímero para las víctimas. En la Rumanía de 2021 sigue costando hablar del pasado, y sigue costando investigar el presente. Visinel Balan se lo ha propuesto, y ha recorrido más de 150 orfanatos para ver cómo están hoy los niños que siguen bajo custodia del estado.

53.000 niños dependientes del Estado

Las conclusiones están en un libro que ha publicado junto con el ex ministro Vlan Alexandrescu. «Hijos de Herodes» es un informe demoledor sobre el estado actual de los orfanatos rumanos. Ya no hay ese nivel de abusos físicos, de violaciones o de hambrunas. El gran problema, hoy, es la excesiva medicación que reciben los niños. Jóvenes que siguen dentro del sistema, víctimas que denuncian su día a día, psiquiatras, expertos y ONGs que llevan décadas trabajando con la infancia.

Rumanía ha mejorado las condiciones en las que viven los huérfanos. Eso es indudable. Pero tal vez no ha hecho el examen de conciencia suficiente sobre la vida de quienes siguen bajo custodia del Estado. Y todavía hoy hay 53.000 niños en orfanatos, apartamentos sociales o familias de acogida; en suma, 53.000 niños dependientes del Estado. Vlad Alexandrescu lo resume así: «En Estados Unidos se rodó una película muy famosa, ‘Alguien voló sobre el nido del cuco’, que puso en evidencia la realidad de los hospitales psiquiátricos en aquel país. Y sin embargo, nosotros no hemos hecho una película en Rumanía sobre la realidad de nuestros orfanatos. Hoy, en el momento en que hablamos, esa película no se ha hecho todavía».

Fuente: RTVE

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