Una joven gandiense ha decidido hacer su aportación social dando visibilidad en redes sociales al trabajo desinteresado y a la urgencia de ayuda, porque todo suma para quien no tiene nada

La solidaridad existe. Ha existido siempre. Lo difícil es mantenerla a cambio de ningún interés.Reme, Consuelo, Trini, Olimpia, Tere, Isabel o Carmen pueden sonar a nombres comunes que escuchamos en el día a día, pero ellas son mucho más.

Sus nombres han formado el grupo de gente que desde hace más de 16 años atienden a los más desfavorecidos de la ciudad de Gandia. La importancia, además de ser las que iniciaron esta acción social, reside en que continúan de la misma manera a día de hoy.

Sin intereses, sin nada a cambio, sin pedir nada, ese es el espíritu que reina cuando uno atraviesa la puerta del comedor social de Gandia.

Este se llena a diario de manos solidarias que cocinan, friegan, empaquetan, llenan tuppers y, sobre todo, dan los alimentos necesarios para más de 200 personas que están en momentos de dificultad y necesidad real.

Desde que en el año 2004 este grupo de mujeres decidieron cocinar buñuelos bajo el nombre de ‘Bunyoleres sense fronteres’, se convirtieron en la manera de llenar de alimentos y platos elaborados el comedor social.

Las ‘bunyoleres’ son las encargadas de que el comedor funcione, vaya adelante y las familias más desfavorecidas puedan llevarse algo a la boca.

En cuanto al dinero, sacaban lo que podían haciendo buñuelos y vendiéndolos los fines de semana. Cierto es que no daba para muchos lujos, pero sí para los alimentos más básicos con los que llenar los tuppers de la gente necesitada.

Con el dinero recaudado hacían la compra de la semana, pero surgió un problema con el que nadie contaba. La pandemia del Coronavirus irrumpió en la vida de todos y, de repente, les quitó a las ‘buñoleras’ la única manera de conseguir dinero que tenían. Ante las limitaciones y restricciones, vender buñuelos en la calle se considera a día de hoy un riesgo por el virus, por lo que se han visto obligadas a dejar de hacerlos. Esto supone, inevitablemente, quedarse sin el elemento principal de ingresos.

Aún así, siempre encuentran una solución, a pesar incluso de lo mucho que ha agravado la pandemia la demanda de comida.

Desde que el virus dejó a muchas familias sin ingresos por los despidos y falta de ofertas laborales, el comedor social ha sido y es la única manera de conseguir llenar la nevera y alimentar a los pequeños.

Para optar a esta ayuda en el comedor social de Gandia, la gente que más lo necesita debe acreditar su precaria situación a la trabajadora social que coordina y controla quién accede a los alimentos y quién no. Realiza un estudio previo de cada caso para garantizar que los ciudadanos o las familias que más lo necesitan no se queden sin su plato de comida.

Versión 2.0: el impulso de las redes

Una joven de Gandia ha decidido ayudar de una manera diferente. Detectó que uno de los problemas del comedor social y de ‘Bunyoleres sense fronteres” era la visibilidad.

Conocer sus acciones las conocen todos en Gandia, aunque a la gente le surgen muchas dudas a la hora de cómo ayudar, la manera de hacerlo, cuándo hacerlo o, incluso, si estar en disposición de ello o no.

Pues sí, la joven gandiense ha puesto en marcha una campaña totalmente desinteresada por su parte en la que dar toda la visibilidad posible al trabajo de las voluntarias y, sobre todo, a facilitar la manera de conocerlas y de saber cómo ayudar.

Tanto en Facebook como en Instagram el comedor social de Gandia ya es una realidad, con una acogida inmensamente positiva de los gandienses. De la misma manera ocurre con la página web corporativa, donde se va a poder encontrar todo tipo de información, manera de aportar y muchas particularidades que hacen especial esta iniciativa.

Uno de los principales objetivos es que la gente conozca la necesidad real que tienen en Gandia más de 200 personas, ya que por sus precariedades y el agravamiento del COVID-19 tienen que acudir a diario para que las voluntarias les llenen sus bolsas y que sus hijos puedan comer.

Esto, sin el sacrificio y esfuerzo desinteresado se hace imposible, por lo que la joven ha decidido destinar parte de su tiempo a que todos conozcan que aportar, sea lo que sea y por poco que sea, es bienvenido para que niños y familias enteras puedan alimentarse en la ciudad.

Explicándolo y concienciando en redes sociales pretende servir como un importante impulso para que el comedor siga creciendo como hasta ahora, pero modernizándolo en las nuevas tecnologías del momento.

Fotos, información, lotería, rifas y un sinfín de iniciativas son las que se van a poner en marcha desde ya para que la imposibilidad de vender los buñuelos en la calle sea algo que se haya convertido en descubrir otras maneras de llegar a los demás y de que aporten lo que puedan.

Es importante entender que, por poco que sea, todo suma para quien no tiene nada, por lo que ninguna ayuda está de más.

Un Bizum para ayudar

Las novedades llegan incluso a estas maneras de que la gente aporte, ya que van a incorporar lo que tan de moda está en estos momentos, el Bizum.

A través de la aplicación Bizum, todo aquel que quiera ayudar aportando su granito de arena lo podrá hacer enviando la cuantía económica que quiera de manera rápida y directa. Sin intermediarios y al alcance de un solo click.

Esta es otra de las importantes novedades que van a hacer afectivas desde esta nueva versión del comedor social, por lo que ayudar va a ser todavía más sencillo.

Ayuda diaria ininterrumpida

Cada día llegan a la calle Algepseria número 75 de Gandia más de 200 personas en busca de su plato de comida, ya que su situación económica les impide alimentarse por ellos mismos. Ya no solo a los adultos, la gravedad incrementa al tener que acudir a por algo de comida para los hijos porque también ellos sufren la dificultad del momento, aunque desde la ignorancia característica de la temprana edad.

Más de 200 comidas al día son las que se cocinan, preparan y entregan en el comedor social de Gandia, lo que supone un nivel de organización y de caridad inmenso.

La logística no es sencilla, más bien es dura y complicada, ya que las jornadas son interminables y costosas, aunque la satisfacción de haber ayudado sin nada a cambio les llena de tal manera que ya superan los 16 años haciéndolo.

Es importante entender que, por poco que sea, todo suma para quien no tiene nada, por lo que ninguna ayuda está de más.

El agradecimiento es infinito tanto del comedor social como las más de 200 familias que pueden alimentarse a diario gracias a su acción social y la aportación desinteresada de todos los gandienses que lo consideren.

Fuente: El Periodic

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