El pasado 23 de septiembre, la Brigada de Información detenía en el parque de Comillas, en el madrileño distrito de Carabanchel, a dos supuestos miembros de la banda Dominican Don’t Play que presuntamente cortaron de un machetazo un brazo a otro joven, de la banda rival de los Trinitarios, hasta dejárselo semiamputado. Uno de los arrestados, de 16 años, estaba fugado de un centro de menores en régimen cerrado.

El aumento del número de menores implicados en actos violentos perpetrados por las bandas preocupa a los investigadores que, en los últimos meses, han observado cambios en la estructura y jerarquización de estos grupos urbanos. En este sentido, la nacionalidad o la ascendencia latina ha dejado de ser un requisito, y cualquiera puede entrar a formar parte si está dispuesto a obedecer y a participar de las actividades delictivas. Por ello, la delegada del Gobierno, Mercedes González, pidió en un acto público el pasado mes de junio que se pasara del término «bandas latinas» a «bandas juveniles». «A parte de que latino tiene una connotación xenófoba, es que ya son bandas juveniles porque hay de todo, no hay solo latinos», apuntó.

A este respecto, aunque lo habitual es que en lo más alto de la jerarquía de los coros o capítulos -como se denominan las agrupaciones que controlan cada barrio- se hallen jóvenes de origen sobre todo dominicano y colombiano, lo cierto es que existe diversidad. «En los escalafones intermedios abundan los chavales españoles, también los rumanos. En los inferiores, en la parte más baja de la estructura, estamos observando cómo crece la captación de menores extranjeros no acompañados, principalmente magrebíes, a los que obligan a ejecutar las acciones más violentas, como participar en ataques con machetazos».

Desarraigo e integración

La delegada de Gobierno en Madrid pronunció una sola palabra cuando le preguntaron cuál era la solución a esta problemática que se acentúa en los barrios más humildes de la capital: «Integración». Porque, que las bandas juveniles centren su objetivo en menores no acompañados, no es casualidad. Las bandas les proporcionan una identidad, un sentimiento de pertenencia, la oportunidad de sentirse parte de una familia en un entorno que, en la mayoría de las ocasiones, es hostil con estos jóvenes, que carecen de expectativas vitales fruto del abandono institucional y las deficientes políticas de educación e integración.

«Recurren a la violencia porque creen que, para ellos, no existe alternativa. Les prometen una vida mejor, un futuro y protección, y para ello usan las mismas técnicas de persuasión y adoctrinamiento que los grupos coercitivos. Lamentablemente, cuando encuentran una salida, en muchas ocasiones ya no pueden o no saben cómo abandonar».

El precio por dejar una banda juvenil 

De hecho, la primera semana de septiembre, tal y como recogió elcierredigital.com, una operación instruida por el Juzgado de Instrucción número 4 de Alcalá de Henares, y desarrollada por las Brigadas Locales de Información de las comisarías de Alcalá y Torrejón con la colaboración de la Brigada Provincial de Información, desmantelaba el ‘coro’ de los Dominican Don’t Play en el Corredor del Henares, una zona que engloba las localidades de Coslada, San Fernando de Henares, Torrejón de Ardoz, Alcalá de Henares, Azuqueca de Henares y Guadalajara.

Los investigadores pusieron el foco en este grupo concreto tras conocer que los líderes del capítulo de Torrejón habían ordenado a un grupo de menores que castigaran a un chaval, también menor de edad, que había decidido abandonar la banda. Le amenazaron con un machete y le permitieron elegir entre ocho machetazos o 90 golpes por todo el cuerpo. El joven, como confesó más tarde a los agentes, eligió los golpes.

Menudeo de drogas 

Ante la imposibilidad de abandonar las bandas, los miembros del escalafón más bajo a menudo se dedican al tráfico de drogas para así pagar las cuotas mensuales que, desde lo alto de la jerarquía, les exigen a cambio de pertenecer a la organización. Sobre todo, menudean con cocaína, hachís o marihuana.

Por ello, tal y como señalan fuentes policiales a elcierredigital.com, es habitual que estos jóvenes también consuman. A este respecto, en las últimas semanas entre la policía preocupa con especial intensidad un caso en concreto, el de los menores no acompañados de Tetuán, a los que se ha observado «esnifando pegamento».

La inhalación de cola con altos porcentajes de disolvente es una práctica con efectos devastadores para la salud, habitual en países con altas tasas de pobreza pero que había desaparecido en España.

Los vecinos, alertados, piden más presencia policial. Sin embargo, la solución, como señalaba la delegada de Gobierno en Madrid, pasa por la integración, por acoger, por ofrecer alternativas con las que las bandas juveniles, sabedoras de la vulnerabilidad de estos chavales, no puedan competir.

Fuente: El Cierre Digital

DEJA UNA RESPUESTA

Please enter your comment!
Please enter your name here