• 7 diciembre, 2022 10:58 am

La muerte de Dean Berta Viñales lleva a la Real Federación Motociclista de España a replantear un aumento de la edad mínima de competición

Andreas Pérez era de Mollet del Vallés (Barcelona). Piloto del equipo Reale Avintia del Mundial Junior de Moto3 en el año 2018, soñaba con ser campeón del mundo. Falleció un lunes después de una trágica carrera en el circuito de Montmeló. Tenía 14 años.

Marcos Garrido era un chico de Rota (Cádiz), competía en la categoría de SSP 300 del Campeonato Interautonómico de Velocidad (CIV). Jugaba al fútbol, pero le encantaba ir en moto. Era fan de Valentino Rossi. Murió en un accidente en el circuito de Jerez un domingo de carreras del año 2019. Tenía 14 años.

El pasado mes de mayo fue otro piloto joven, el suizo Jason Dupasquier, el que vio truncados sus sueños. Corredor de la categoría de Moto3 del Mundial de Motociclismo, sufrió un accidente en la sesión de clasificación del GP de Italia, en Mugello. Murió a los 19 años.

En julio, dos meses más tarde, falleció Hugo Millán, de 14 años. Era de Huelva y admiraba a Marc Márquez. Disputaba la European Talent Cup en el circuito de Alcañiz cuando se vio involucrado en un accidente múltiple.

La historia se repitió el pasado sábado en Jerez, durante la primera carrera de la categoría de SSP 300 del Mundial de Superbike. Dean Berta Viñales, de Palau-Saverdera (Girona), era sobrino del piloto de MotoGP Maverick Viñales. Su abuelo, que también fue piloto, lo llevaba a todas las carreras. Murió a los 15 años en las mismas condiciones que Andreas, Marcos, Jason o Hugo. Todos se cayeron, quedaron tendidos en medio de la pista y fueron golpeados por otros pilotos que venían por detrás.

“Estamos preocupados. Y llevamos tiempo tratando de evitar accidentes mortales. Todos sabemos que el motociclismo es un deporte de alto riesgo. Pero, pese a asumir esa premisa, queremos poner todas las medidas para evitar este tipo de accidentes. Es una prioridad de los organizadores y de las federaciones”, señala Manuel Casado, presidente de la Real Federación Motociclista de España (RFME), en conversación con EL PAÍS. Hoy busca soluciones para frenar tantas malas noticias: aumentar la edad mínima de competición (los pilotos llegan a los circuitos grandes con 12 años) y reducir el número de participantes en carrera son las opciones que más convencen.

Porque las circunstancias en que se produjeron todos esos accidentes recientes, pura fatalidad, tienen elementos comunes. Más allá de la juventud de los pilotos, todos ellos competían en circuitos de asfalto grandes y en las llamadas categorías pequeñas. Lo hacían con motos de unos 140 kilos de peso y de 250cc o 300cc. Las velocidades de dichas máquinas oscilan entre los 190 km/h que alcanzan las Yamaha YZF-R3 que pilotaban Marcos o Dean, los 225km/h de velocidad máxima en el caso de la Honda NSF250R de Hugo o los 247 km/h de punta que alcanzaba la Moto3 de Dupasquier en el circuito de Mugello.

En los últimos años las categorías se han igualado hasta el punto de tener en la mayoría de los casos un mismo suministrador de motores; ha aumentado la cilindrada y las motos son de cuatro tiempos, para facilitar el salto de categoría. Las categorías pequeñas ya no se entienden como un campeonato con entidad propia, como en los tiempos de Ángel Nieto, Jorge Martínez Aspar o Sito Pons. Hoy todas esas categorías se entienden como plataformas de formación.

Precisamente por eso, ha proliferado la creación de nuevas categorías al margen del Mundial, con infinidad de copas de promoción impulsadas por la misma empresa que explota los derechos de MotoGP, la española Dorna. Todas esas competiciones, junto con las recientes modificaciones en el reglamento para favorecer la igualdad en todas las categorías, especialmente en las inferiores, donde muchos campeonatos -como el Europeo o la popular Red Bull Rookies Cup- son monomarca, han provocado que la competencia sea extrema, los tiempos entre los pilotos sean prácticamente idénticos y la distancia física en carrera, mínima. Un cóctel magnífico para el espectáculo que, por otro lado, ha influido en que disminuya la capacidad de reacción de un tercero cuando se produce un accidente por delante de él. Puede verse cada domingo de carreras: la distancia de seguridad no existe.

Por eso, y puesto que la seguridad de los circuitos se pone poco en discusión tras el trabajo realizado en los últimos años para mejorar y ampliar las escapatorias y las protecciones -se revisan, además, cada año y se exigen mejoras si se considera-, lo mismo que ocurre con los monos, guantes o cascos -la excepción sería el airbag en el mono, de uso obligatorio solo en el Mundial de Motociclismo-, uno de los aspectos que más llama la atención es la edad de las víctimas. “Eso no se puede trabajar desde el punto de vista del circuito”, advierte Casado. Pero sí puede atajarse desde otros frentes.

La historia de algunos de los talentos recientes hace creer a todos, niños, padres y directores de equipos, que hay que empezar muy joven a correr en moto para poder emular, por ejemplo, a Marc Márquez, el campeón más precoz de MotoGP, o al líder actual del campeonato, Fabio Quartararo, campeón de España a los 14 y 15 años. Semejante éxito propició su debut en el Mundial todavía con 15 años a pesar de que la edad mínima ya se había subido, en ese caso, a 16.

La pregunta que se hacen ahora tanto la opinión pública como los organizadores o cuerpos federativos es si es necesario empezar a competir en circuitos de asfalto con motos grandes a los 12 años. ¿Cambiaría mucho la evolución, progresión y aprendizaje de esos niños si se sube la edad mínima para competir? “Estamos pensando alternativas. La Federación, en contacto con Dorna y con la Federación Internacional de Motociclismo (FIM) está estudiando la posibilidad de actuar en ese sentido y aumentar la edad mínima para competir, aunque valoramos que la experiencia de los pilotos es casi más importante”, señala el dirigente federativo. Y añade: “Otro aspecto que estamos considerando es que haya menos pilotos en la parrilla. Habitualmente se determina el número de participantes según la capacidad del circuito, su longitud y el ancho de la pista. Pero si en una carrera hay 30 pilotos siempre habrá más posibilidad de que se produzca un impacto que en una en la que haya 20″. En la carrera de SSP300 en la que falleció Dean Berta formaron en parrilla hasta 42 corredores. Una barbaridad.

Casado admite, por otro lado, que podrían buscarse soluciones desde el reglamento técnico, pero no es algo que esté sobre la mesa. “Sin duda, afecta al tipo de carreras que estamos viendo, pero iría en contra del espíritu de la igualdad que se exige en todo deporte. Queremos que realmente gane el piloto más preparado, el que tenga más habilidad. Y eso se consigue con una competición igualada. Lo que por un lado es bueno para la competición y para el deporte engendra, por otro lado, cierta complejidad desde el punto de vista de la seguridad al estar los pilotos más próximos. Me pregunto si es mejor que los pilotos están más espaciados y que no se peleen tanto. Desde el punto de vista del espectáculo, la igualdad siempre es buena”.

Las soluciones planteadas, en este caso, abocan una duda: ¿volverá a reducirse el número de accidentes mortales o simplemente aumentará la edad de las víctimas?

Fuente: El País

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