• 30 septiembre, 2022 12:35 am

La masacre de Waco , el fin de una secta que se escudaba en el rito sexual para abusar de sus menores

Su madre lo tuvo a los 14 años, el 17 de agosto de 1959, en Texas, y lo llamó Vernon Wayne. Bonnie Sue Clark quedó embarazada luego de acostarse en la primera salida con un carpintero de 20 años llamado Bobby Wayne Howell. La pareja estuvo unida durante dos años, hasta que Bobby conoció a otra chica y abandonó a su novia Bonnie y a su hijo. Vernon nunca conoció a su padre biológico pero sí, en cambio, a su padrastro, un hombre duro y golpeador, de pocas luces y empedernidamente alcohólico.

Según él mismo contaría durante su adolescencia, su infancia fue solitaria. Nadie se ocupaba de él. Fue violado por chicos mayores. En la escuela no le iba mucho mejor, al contrario. Padecía de dislexia, es decir dificultad para leer, un trastorno del aprendizaje que está relacionado con zonas del cerebro que procesan el lenguaje, es decir no podía identificar los sonidos del habla y, en consecuencia, comprender cómo estos se relacionaban con las letras y las palabras.

Los problemas de su hijo a su madre no le importaban en absoluto. Ella quería buscar a Bobby o un hombre que le diera las seguridades que ella no tenía. Se fue de la casa y dejó a su hijo al cuidado de su madre durante cuatro años. Vernon, al final, abandonó la escuela. Sin embargo, a los doce años, dislexia mediante y ausencias de todo tipo, aprendió de memoria el Nuevo Testamento.

Vernon, la Iglesia Adventista y la primera señal divina

Siete años después, Vernon tuvo su primer encuentro amoroso. Fue con una chica de 16 años que quedó embarazada. Ella tuvo el bebé pero prefirió criarlo sola porque consideraba que él no era apto para ser padre sino más bien un atolondrado bueno para nada. Decía de Vernon que no tenía objetivos en la vida, un tipo que podía tomar cualquier camino.

Fue entonces cuando Vernon profundizó sus lecturas de la Biblia y comenzó a concurrir a la Iglesia Bautista del Sur, aunque la abandonó rápidamente y se unió a la de su mamá, la Iglesia Adventista del Séptimo Día. En esa comunidad religiosa conoció a la hija del pastor, de la cual se enamoró perdidamente.

Si algo le faltaba para convencerse que su amor hacia la muchacha era un designio celestial fue encontrar una Biblia abierta en Isaías, Capitulo 23, donde sobre el final dice: “Buscad en el libro de Jehová y leed: Ninguno de ellos faltará; nadie faltará con su pareja. Porque mi boca lo ha mandado, y su espíritu los ha reunido”.

Vernon se convenció que la Biblia abierta en Isaías era una señal y de inmediato fue a ver al pastor para decirle que Dios quería que él se casara con su hija. El pastor lo sacó volando, pero como Vernon insistió, el predicador lo echó de la congregación al grito de “¡loco y mal cristiano!”. Según palabras de las jerarquías de la Iglesia, Vernon: “nunca pensó por encima del cinturón de su pantalón”.

La llegada a Waco y los Davidianos

Por entonces, 1981, tomó la decisión de mudarse a Waco, en Texas. Allí, lejos de buscar trabajo, se inició en la Rama Davidiana o Davidianos, un grupo religioso apocalíptico originado en un cisma ocurrido en la década de 1950 en la Iglesia Adventista del Séptimo Día. Ya desde 1955 este grupo se había establecido en un rancho al que llamaron Centro Monte Carmelo, a 16 kilómetros de Waco. Se caracterizaban por su desconfianza hacia el mundo exterior, al que percibían como una amenaza. Por este motivo, acopiaban armas de fuego y municiones.

Dos años después de su llegada, Vernon tuvo un romance con la profetisa y líder de la secta, Lois Roden, de sesenta años. El joven, de veinticuatro años, proclamó entonces que Dios le había dado el don de la profecía, que lo había elegido para estar con la profetisa y engendrar un hijo con ella, que sería El Elegido. Roden no tuvo problemas en que Vernon propagara su mensaje entre los miembros de la comunidad pero esto provocó discusiones y polémicas en el grupo. George, el hijo de Lois, se sentía con derecho de suceder a su madre y veía a Vernon Howell como un intruso.

Vernon, de pronto, cambió y anunció que Dios le había dado la orden de casarse con una adolescente de 14 años llamada Rachel Jones, una chica que junto a su familia pasaba largas temporadas en Monte Carmelo. Este anuncio trajo tranquilidad en la comunidad aunque por un breve lapso. George Roden no le perdonaba a Vernon el acercamiento íntimo con su madre, y pensaba que a pesar del último anuncio de Vernon de que se casaría con Rachel, seguía creyendo que su objetivo seguía siendo dormir con su madre y liderar a la comunidad.

A punta de pistola y respaldado por la mayoría de los davidianos, expulsó a Vernon de la propiedad. Pero esta acción mostró disidencias que hasta entonces permanecía ocultas. Otro grupo, dirigido por Charles Joseph Pace, no estuvo de acuerdo con la decisión de George y se fueron de Monte Carmelo para establecerse en Gadsden, Alabama. Por su parte, Vernon y sus veinticinco seguidores levantaron un campamento en Palestina, a poco más de 144 kilómetros de Waco. Allí permanecieron durante dos años.

Vernon, un infatigable predicador

Allí en Palestina, su reiterado discurso se refería siempre a que todos los lazos y afectos, amistades, amores anteriores, sean familiares o de otro tipo, no significaban absolutamente nada. Sólo debían adorarlo a él, pues de él dependían y únicamente en él debían confiar. Entonces proclamó que él era “el Hijo de Dios, el Cordero que podía abrir los Siete sellos” (En el capítulo 5 del libro de Apocalipsis, se hace referencia a un rollo que será presentado ante Cristo en el cielo y que tiene siete sellos, los cuales representan una serie eventos previos al regreso de Jesús).

Además, Vernon comenzó a hablar de que la monogamia no era la única forma de convivencia, como venía sosteniendo, sino que desde ese momento la poligamia estaba permitida aunque solo para él. Inmediatamente se acostó por primera vez con Karen Doyle, de 14 años, asegurando que la chica era su segunda esposa, luego de Rachel Jones. La unión con Karen fue en marzo de 1986. En agosto de ese año, se acostó con una nena de doce años, Michele Jones, que era la hermana menor de su primera mujer. Ya para setiembre Vernon predicaba que por mandato divino tenía derecho a tener ciento cuarenta esposas, de las cuales sesenta mujeres serían sus “reinas” y ochenta sus concubinas.

No todos creían en la inspiración divina de las enseñanzas de Vernon. Un exdavidiano, David Bunds, afirmó sin dudas que la doctrina de la poligamia de Vernon: ”Surgió de su profundo deseo de tener sexo con chicas jóvenes; una vez que pudo convencerse a sí mismo de que era la voluntad de Dios, entonces pudo liberarse de la culpa y tener sexo con nenas y adolescentes, tantas chicas jóvenes como pudo tener en sus manos”.

Lois Roden, líder de los davidianos a la llegada de Vernon, murió en noviembre de 1986, a los setenta años. Su hijo, George, que había expulsado a Vernon de Monte Carmelo, estaba en baja, es decir muchos seguidores se habían pasado a las filas de su rival. Entonces George le propuso un desafío: un concurso para resucitar muertos; quien más resucitaba se convertiría en el jefe de la secta. Incluso George hizo desenterrar a uno para practicar. Vernon concurrió a Monte Carmelo pero no a resucitar a nadie sino con siete hombres armados. El tiroteo dejó herido a George y la policía llegó a tiempo para que el enfrentamiento no provocase más heridos o muertos.

Vernon y seis de sus hombres (uno pudo escapar) fueron arrestados y acusados de intento de homicidio. Los trámites judiciales no llegaron a nada y todos fueron absueltos. La defensa de Vernon fue que había ido a Monte Carmelo porque tenía información de que George cometía necrofilia. Que Vernon no fuese castigado enardeció a George.

El Rancho del Apocalipsis, el rey David y Ciro, el grande

Al año siguiente mató de un hachazo en la cabeza a Dale Adair porque había manifestado su preferencia por el liderazgo de Vernon y, al final de cuentas, quien terminó condenado fue él. Para colmo, George tenía una gran deuda por impuestos no pagados y de inmediato se puso en venta Monte Carmelo. Vernon lo compró y lo rebautizó “El Rancho del Apocalipsis”.

Durante aquellos dos años en Palestina (Estados Unidos), Vernon aprovechó para conseguir seguidores pero no solamente en Texas. Viajó a California, a Gran Bretaña, a Israel, y a Australia. Cuando estuvo en Israel quiso establecer el reino davídico en Jerusalén. Decía que ese sería el lugar de su martirio, pero después cambio de parecer y aseguró que su lugar de suplicio sería los Estados Unidos, que las profecías del Profeta Daniel sobre el fin del mundo ocurrirían en Waco y que Monte Carmelo era el reino davídico.

Vernon Howell presentó una petición en el Tribunal Superior del Estado de California en Pomona el 15 de mayo de 1990 para cambiar legalmente su nombre “con fines publicitarios y comerciales” a David Koresh. El 28 de agosto de 1990 el juez Robert Martinez lo autorizó. Koresh es el nombre bíblico de Ciro el Grande, un rey persa que es nombrado “mesías” por liberar a los judíos durante el cautiverio en Babilonia. Y el nombre de David simbolizaba un linaje directo del rey David, de quien descendería el nuevo mesías.

Koresh nunca dejó de defender su poligamia, especialmente sus relaciones con nenas. Era centro en todos sus discursos, como lo sería para un pedófilo que tuviera la oportunidad de respaldar su inclinación sexual.

Había alcanzado tal poder que reclamaba cualquier mujer dentro de la comunidad. Fue padre de una docena de chicos (en el gobierno de los Estados Unidos hablaban de más de quince). Su harén incluía nenas de hasta 14 años. Como sabía perfectamente lo que hacía, les ordenó a los miembros adultos de la secta que no le contaran a nadie sobre sus prerrogativas sexuales porque “los de afuera no lo entenderían”.

De acuerdo a la evidencia que obtendría el Departamento de Estado en 1993, el líder de los davidianos cometió actos de violación y abuso sexual infantil contra nenas de 10 y 11 años. Koresh les decía que el sexo con él era normal, apropiado y deseable pues formaba parte del “plan de Dios”.

Los psicólogos infantiles que luego atendieron a los chicos de la comunidad concluyeron que estaban “significativamente traumatizados por técnicas de sometimiento duras e inapropiadas, incluidos castigos corporales rigurosos, aislamiento prolongado y severas restricciones alimentarias… expuestos a técnicas disciplinarias caprichosas y humillantes”. Los chicos, de sólo ocho años, eran golpeados por asuntos triviales, y los adolescentes eran castigados por no pelear lo suficientemente fuerte en combates organizados por Koresh como parte de su “entrenamiento paramilitar”.

Todo el mundo sabía lo que Koresh hacía y todo el mundo lo callaba o se desentendía. Los de la secta porque estaban amenazados. Los de la policía no se querían meter en asuntos donde estaba mezclada la religión, aunque era evidente que la religión era una excusa que Koresh utilizaba para cometer delitos. Los del FBI lo mismo.

El sitio a Monte Carmelo

Pero en la comunidad había cientos o miles de armas y esta circunstancia le dio la excusa apropiada a los policías de la Oficina de Alcohol, Tabaco, Armas de Fuego y Explosivos (ATF), una agencia de seguridad nacional tan poderosa como el FBI. Ya en 1992 el ATF tenía informes en su poder que hablaban de disparos en el complejo. Un agente encubierto y más testimonios de arrepentidos que abandonaron la comunidad hablaban de más de ciento cincuenta armas y miles de municiones dentro de la sede de los davidianos.

Entonces, agentes de la ATF comenzaron a vigilar el lugar desde un edificio cercano. Los oficiales no tenían dudas pero tampoco pruebas. Algún arrepentido que daba referencias vagas. No obstante, la ATF se las arregló para obtener órdenes de allanamiento y una de detención para Koresh. Las pruebas que les hacían falta para que sus papeles no fuesen tan flojos estaban dentro de Monte Carmelo y para ellos eso era razón suficiente para entrar. Las cuestiones de procedimientos las arreglarían sobre la marcha.

El asalto al terreno de la secta sería el 1 de marzo de 1993, pero el periodismo les ganó de mano. El 27 de febrero el Waco Tribune Herald publicó una nota en dos partes titulada: “El Mesías pecador”. Los de la ATP adelantaron el allanamiento un día, domingo 28 de febrero a las 9.45. Koresh y su grupo sabían todo, incluso quién era el policía que estaba infiltrado en la comunidad. El líder no tuvo ningún empacho en acercársele al espía y decirle que estaban preparados para cualquier acción que quisieran intentar.

Los davidianos se armaron y tomaron posiciones de defensa. En las habitaciones quedaron las mujeres y los chicos. Los hombres de la ATP habían perdido el factor sorpresa y lo sabían, no obstante continuaron adelante. Se acercaron en remolques de ganado tirados por camionetas. Nunca se supo quién comenzó a disparar. Los davidianos dirían que los primeros disparos provinieron del exterior y los agentes de la ATP que vinieron desde dentro de Monte Carnelo. Un miembro de la secta, Wayne Martin, llamó al 911 para pedir que los policías dejaran de disparar. En las cintas de audio se escucha decir a Martin: “¡Aquí vienen de nuevo!” y “¡Son ellos los que disparan, no somos nosotros!”. Desde Monte Carmelo no ahorraron municiones. Al final, se negoció un alto el fuego. Cuatro agentes de la ATP murieron baleados y otros dieciséis cayeron heridos, mientras que seis integrantes de la secta fueron muertos a tiros. Como había agentes federales asesinados, el FBI tomó el mando del asedio.

El agente Jeff Jamart estaba a cargo de las negociaciones desde una central preparada en la ciudad de San Antonio, pero de ellas participaron en total veinticinco negociadores. Desde ese momento, el cerco y las negociaciones telefónicas duraron cincuenta y un días. No hubo orden ni disciplina entre los hombres del FBI. Muchos negociaban por su cuenta, sin control de las unidades que rodeaban el edificio. Las conversaciones eran del siguiente tenor:

– ¿Cómo se revela Cristo, según el cuarto sello?, -interrogó Koresh en uno de los diálogos.

– Pálido… un jinete sobre un caballo pálido, -respondió un agente del FBI.

-¿Y su nombre es qué…?, -insistió el líder.

– Muerte, -replicó el agente.

– Ahora, ¿sabés lo que significa el nombre Koresh?

– Adelante…, -respondió el agente.

– Significa muerte, -dijo Koresh.

Diecinueve chicos fueron liberados en esos días y noventa y ocho personas quedaron dentro de Monte Carmelo. Koresh alargaba las negociaciones; decía que estaba esperando documentos religiosos que necesitaba antes de rendirse.

El asalto final a Monte Carmelo

No se habían cumplido diez días desde el inicio del sitio cuando los davidianos enviaron un video para demostrar que no había rehenes en el interior y que todos se quedaban por propia voluntad. En el FBI se produjo una división entre aquellos agentes que querían continuar negociando y los que reclamaban entrar por la fuerza.

Monte Carmelo estaba rodeado por nueve tanques y cinco vehículos de asalto. Los tanques dispararon contra algunos edificios de la comunidad; el FBI cortó la electricidad y el agua del complejo; se trajeron enormes parlantes y se difundió música distorsionada a todo volumen para impedir el descanso de los davidianos pues creían que los trastornos de sueño los llevarían finalmente a la rendición. ¡Que se volvieran locos! Koresh dejó ir a once seguidores.

Pero los niños seguían en Monte Carmelo. Hubo expertos, durante el largo asedio, que desaconsejaron al FBI seguir con estos métodos agresivos pues tratándose de una secta apocalíptica sus miembros podían interpretarlas como la confrontación previa al fin de los tiempos. Si el FBI no buscaba otro mecanismo para finalizar con el sitio, era probable que el final fuese muy violento, dijeron.

Las negociaciones se desarrollaban en un clima hostil y Koresh se mostraba cada vez más irritable. La sombra de lo ocurrido en Guyana con el reverendo Jim Jones, que llevó a la muerte a 900 fieles, comenzó a preocupar al gobierno de los Estados Unidos, tanto que poco después de asumir el cargo de fiscal general del país, le llevaron el problema “y la solución” a Janet Reno. El FBI le dijo que las condiciones en Monte Carmelo eran deplorables y que se seguía abusando de chicos. Reno ordenó asaltar el lugar.

La cantidad de armas de todo tipo que se concentró en Waco en esos días pocas veces se había visto antes. El plan incluía arrojar gas lacrimógeno durante dos días para que los davidianos salieran. Si esto funcionaba no tendrían necesidad de usar las armas de fuego. El 19 de abril de 1993, seis horas después de haber comenzado el lanzamiento del gas, ninguno de los miembros de la secta salió de Monte Carmelo. Usaron carros de combate con un dispositivo para perforar el muro, con el propósito de darles una vía de escape a los del interior. Ninguno salió y, encima, la paredes se derrumbaron por las perforaciones.

Los davidianos tenían miedo de ser acribillados si salían. Horas después, ya cerca del mediodía, tres incendios se iniciaron en el interior de la propiedad. Fue entonces cuando nueve davidianos salieron. La televisión transmitía todo lo que ocurría, había más de cien periodistas de todo el país y del exterior.

La mayoría de los davidianos se quedó a pesar de los incendios. Con altavoces, los agentes les pedían a los miembros de la secta que no iba a haber un asalto armado y que no dispararan, pero estos abrieron fuego. El FBI no respondió y siguió lanzado gas lacrimógeno. El fuego continuaba y se expandía, transmitido en vivo y en directo por TV. Setenta y cuatro davidianos murieron quemados, diecisiete eran chicos menores de 12 años. El jefe de los negociadores, Jamart, impidió que los bomberos entrasen.

De acuerdo a la versión de sobrevivientes e investigaciones posteriores extraoficiales, el FBI disparaba contra todo aquél que buscaba escapar de las llamas. Los registros de la autopsia indicaron que al menos 20 davidianos recibieron disparos, incluidos 5 niños. Insólitamente, informes oficiales hablaron de que los adultos que murieron por heridas de bala se dispararon a sí mismos después de dispararles a los chicos.

El final de David Koresh

A las cuatro menos cuarto de la tarde de ese día se informó oficialmente que David Koresh había muerto. La versión que se dio por válida fue que Steve Schneider, la mano derecha de Koresh, probablemente le disparó al líder de la secta y luego se suicidó con la misma arma. El testimonio de los pocos davidianos de la rama que lograron huir del incendio respaldó esta versión.

El FBI salió sano y salvo de la masacre de Waco. El Comité de Reforma Gubernamental de la Cámara de Representantes concluyó que los davidianos iniciaron los incendios. Fue una decisión apresurada. Menos de un mes después del asalto final, el 12 de mayo, las autoridades del estado de Texas demolieron las instalaciones de Monte Carmelo, lo que imposibilitó la recopilación de pruebas forenses.

Por otro lado, once miembros de la comunidad fueron las únicas personas llevadas a los tribunales. Habían participado en el tiroteo del 28 de febrero cuando la ATF quiso entrar a Monte Carmelo. Los acusaron de matar a cuatro agentes de la ATF pero los once fueron absueltos con el argumento de que actuaron en legítima defensa, es decir que se rechazaron una agresión ilegítima.

Fuente: Contexto

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