• 5 julio, 2022 4:39 am

La hija del ex-propietario del imperio Seagrams a prisión por financiación de la secta de esclavas sexuales NXIVM

La hija del judío filántropo multimillonario y ex propietario de licores Seagram Edgar Bronfman Sr. fue sentenciada a 6 años y 9 meses de cárcel el miércoles, debido a su participación en el grupo de tráfico sexual de Nxvm.

Clare Bronfman reportó haber gastado más de 150 millones de dólares para fundar la autoproclamada empresa de marketing multinivel y fue acusada de ser benefactora de Raniere. Se declaró culpable de fraude con tarjetas de crédito, uso fraudulento de identificación y refugio de inmigrantes para «trabajo y servicios».

El difunto padre de Bronfman, Edgar Bronfman Sr., fue durante mucho tiempo presidente del Congreso Judío Mundial, antes de su muerte en 2013. La familia Bronfman tiene una larga historia de ser los filántropos judíos norteamericanos más destacados, con numerosos edificios en Israel que llevan el nombre de miembros de la familia.

Aunque la verdadera historia de NXIVM la destapó en 2018 The New York Times, no por conocidos resultan menos chocantes los detalles de esta secta cuyo creador, Keith Raniere, aguarda actualmente sentencia. Fundada en 1998, NXIVM se presentaba como una empresa que ofrecía cursos para mejorar la confianza personal a través de un sistema llamado Executive Success Program (ESP), que se impartía inicialmente en seminarios de cinco días.

El sistema, diseñado por el propio Raniere y su socia, Nancy Salzman, una enfermera psiquiátrica especializada en pseudociencias como la hipnosis y la programación neurolingüística, prometía a sus alumnos librarse de los miedos que supuestamente interferían en su vida personal y profesional a través de una serie de ejercicios que NXIVM llamaba «tecnologías» y que conducían, en última instancia, a la felicidad. Mejorándose a sí mismos, los seguidores de NXIVM también mejoraban a la sociedad en su conjunto.

El sistema atrajo a unos cuantos seguidores, entre ellos a varias personalidades de Hollywood, lo que, a su vez, aumentó su atractivo a ojos de otros. Entre ellos se encontraban el cineasta y productor Mark Vicente –¿¡Y tú qué sabes!? (2004)– o las actrices Bonnie Piesse (Star Wars), Allison Mack (Smallville), Nicki Clyne (Battlestar Galactica) y Sarah Edmonson (Stargate SG-1). Gracias a los fondos de dos de sus seguidoras, Sara y Clare Bronfman, hijas del presidente de Seagrams –una de las mayores empresas de destilerías del mundo–, NXIVM pudo extenderse desde su sede en Albany, en el estado de Nueva York, a otras ciudades de los Estados Unidos, Canadá y México, donde encontró como entusiastas seguidores a Emilio Salinas Occelli (hijo del expresidente Carlos Salinas de Gortari) y Ana Cristina Fox (hija del expresidente Vicente Fox), entre otros.

Con su aspecto apocado y ligeramente descuidado, maneras suaves y voz aterciopelada, como de profesor universitario de humanidades, Raniere irradiaba un halo de sabiduría y espiritualidad. Los miembros de NXIVM se ofrecían apoyo mutuo, quedaban para cocinar o cantar juntos, resolver cubos de Rubik, correr o jugar al voleibol, el deporte favorito de Raniere.

Gracias a la fortuna de las hermanas Bronfman, pudo invitar en 2009 al Dalái Lama a participar en la conferencia inaugural del World Ethical Foundations Consortium –una de las empresas asociadas de NXIVM– que se celebró en Albany. Tras hablar de la «ética de la compasión», el líder tibetano hizo entrega a Raniere de una khata, una bufanda tradicional usada en ceremonias budistas. NXIVM crecía y se desarrollaba: grupos de apoyo de mujeres que aprendían a empoderarse, de hombres que se instruían sobre la nueva masculinidad, de yoga… Se calcula que hasta 17.000 personas pasaron por los cursos de NXIVM. ¿Qué podía haber de malo?

La respuesta es: todo. Debajo de la imagen de pulcritud empresarial, del laberinto de acrónimos, los logotipos de diseño e infomercials, debajo de los vídeos de testimonios y la jerga aparentemente científica, debajo de todo eso se escondía una secta. Para cualquier observador externo había desde luego cosas que chirriaban. Raniere, cuya fotografía se encontraba siempre presente en la sala y se hacía llamar Vanguard, afirmaba que empezó a hablar con un año, a leer desde los dos y a tocar el piano a nivel profesional a los doce, cuando también adquirió conocimientos matemáticos avanzados para su edad, todo ello de manera autodidacta. Uno de sus seguidores, Marc Elliot, afirmaba haberse curado de su síndrome de Tourette siguiendo las lecciones de Raniere, cuyo cumpleaños era celebrado todos los años por todos los miembros de NXIVM.

Los seguidores de NXIVM seguían una jerarquía basada en unos fulares de colores –que reflejaban «un mayor estado de conciencia»– dependiendo de su dedicación al grupo, entre lo que se incluía reclutar a nuevos miembros. A pesar de todas las promesas de mejorar su vida profesional, los miembros de NXIVM se endeudaban en realidad cada vez más con la organización y de ese modo se adentraban cada vez más en el culto.

A medida que se progresaba, los seminarios exigían cada vez más tiempo y dedicación (hasta doce horas diarias), lo que dejaba a los participantes física y mentalmente exhaustos. Un estado que Raniere promovía, apelando a los esfuerzos necesarios para la superación personal. El objetivo de este maratón de ejercicios, combinado con distendidas pausas en grupo, era anular la voluntad de los seguidores de NXIVM y aclimatarlos para una etapa de mayor integración. Los grupos de apoyo se encargaban por su parte de vigilar la fidelidad de sus integrantes al proyecto e intimidar a los potenciales disidentes.

Precisamente uno de esos grupos fue el que acabó llevando a varios de sus miembros a abandonar NXIVM, denunciar sus actividades a los medios y, finalmente, emprender acciones legales que podrían llevar a Raniere a ser condenado este mes de octubre a 15 años de prisión. DOS (siglas de Dominus Obsequious Sororium) era una sociedad secreta que, liderada por Mack y Lauren Salzman –la hija de Nancy Salzman–, se encargaba de reclutar a mujeres, bajo la premisa del empoderamiento, para satisfacer el apetito sexual de Raniere.

 

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