• 30 septiembre, 2022 4:52 am

Trasladan a Collserola el centro de llegada de menores migrantes y apartan a su directora

El centro de primera acogida para atender a menores migrantes recién llegados en Catalunya se ha trasladado de la sierra de Collserola a una localidad de la comarca del Vallès. El equipamiento arrastra años de polémica, ya que ni el decanato de la Ciutat de la Justícia de Barcelona ni los vecinos algunos barrios de Barcelona aceptaron acogerlo cuando se planteó su apertura. Las instalaciones donde se encontraba hasta ahora han sufrido múltiples daños y en diciembre Cruz Roja y Generalitat optaron por cambiar su emplazamiento. Paralelamente, algunos trabajadores del centro, agrupados por el sindicato CGT, han denunciado en TV-3 que los menores vivían en condiciones «infrahumanas». La entidad gestora está estudiando las acusaciones y ha apartado cautelarmente la antigua directora.

Dos años después de las indignas imágenes de niños migrantes durmiendo en el suelo de la Fiscalía de Barcelona y en las comisarías de toda Catalunya, en 2019 la Generalitat logró encontrar una antigua casa en medio del bosque de Collserola que les iba a atender en un primer momento, hacer las revisiones e identificaciones necesarias y ofrecer ayuda psicológica. Las entidades sociales que trabajan con ellos llevaban años reclamando este equipamiento al lado de la fiscalía de menores, a donde siguen llegando los niños, o al menos en los barrios de Barcelona. Se barajaron la Zona Franca y el Besós, pero el movimiento vecinal contrario a la acogida de los niños lo detuvo.

Tras tres años de funcionamiento, este centro en la montaña de Collserola ha cerrado y el equipamiento, gestionado por la Cruz Roja, se ha trasladado a un municipio del Vallès. Las causas están relacionadas con el mal estado del edificio. Inundaciones, goteras o una caldera estropeada son algunas de las causas. «Ya se detectaron algunos desperfectos que se han ido solucionando, y en alguna ocasión se ha tenido que trasladar el edificio durante algunos días», explican desde la Conselleria de Drets Socials. «Se trata de un edificio muy antiguo y el temporal ‘Gloria’, a inicios de 2020, provocó también importantes problemas«, alega un portavoz de Cruz Roja.

«También es evidente que, estando en medio de la montaña, entran animales, roedores…», añade. «Ha llegado un punto en el que hay que ir más allá de las reparaciones puntuales que ha estado costeando el departamento», dicen desde la ‘conselleria’, que recuerda que este edificio es propiedad del Ayuntamiento de Barcelona. La pandemia del coronavirus también hizo mella en el centro, pensado para atender a estos niños un par de días. «Estamos investigando si, a raíz de los confinamientos, se abrió otra parte del edificio que no estaba habilitada para ello», explican desde la Cruz Roja.

Críticas de trabajadores

Algunas carencias, como la falta de agua caliente, ya se detectaron un mes después de la creación del centro. Lo explica L. M., una trabajadora que empezó en este centro desde que se inauguró hasta septiembre de 2019. «Para mí lo más grave era que no había agua caliente y que la comida que daban era poquísima. Los niños pasaban muchísima hambre y el menú era totalmente insuficiente para ellos», explica. Ella elevó estas quejas a la directora del centro, pero al ver que nada cambiaba, decidió dejar el empleo. Otros trabajadores también se quejaron a la directora. Este miércoles, a través del sindicato CGT, han expuesto sus críticas en vídeos a través de las redes sociales.

No fue hasta diciembre de 2020, a través de una carta de un grupo de empleados, cuando la Cruz Roja tuvo conocimiento de que, además del mal estado de las instalaciones, había otros servicios que no funcionaban correctamente. «En cuanto lo supimos apartamos a la directora que no nos lo había comunicado y los servicios de recursos humanos están investigando qué ha ocurrido», cuentan desde la Cruz Roja. En tiempo récord consiguieron otro emplazamiento en el Vallès de forma provisional.

A lo largo de estos casi tres años, más de 2.000 menores han sido atendidos en este dispositivo. Son menos de los más de 3.000 al año que abarrotaron las comisarías en 2018, pero la cifra prueba cómo la necesidad de tener un espacio habilitado para la primera recepción sigue siendo necesario. Tres años después, su ubicación sigue siendo provisional y secreta. El recelo de los vecinos y los temores en la acogida siguen más vivos que nunca.

Fuente: El Periódico

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