La crisis del coronavirus está dejando un agujero en las finanzas públicas españolas notable. El fuerte desequilibrio generado entre ingresos y gastos ha llevado a la deuda pública a alcanzar niveles que no se veían desde 1908, tras tocar el 101,4% del PIB. Los datos publicados de mayo muestran un aumento de más de 20.000 millones en un solo mes hasta una deuda total de 1,258 billones de euros. De esta forma, la deuda que acumulan las administraciones públicas supera los niveles vistos durante y después de la anterior crisis y hay que remontarse más de un siglo atrás para encontrar unos niveles de deuda similares.

La fuerte caída de la actividad a la que se enfrenta España está generando una merma de los ingresos públicos, a la vez que se están disparando los gastos por la activación de los estabilizadores automáticos (prestaciones de paro, Ertes…) y del gasto discrecional para suavizar el golpe.

Ya se podía anticipar que el dato no iba a ser bueno, puesto que en los cinco primeros meses del año el déficit del Estado se ha duplicado hasta los 32.252 millones, en términos de PIB equivale al 2,88%, lo que representa un drástico aumento respecto a mayo de 2019. A esto había que sumarle el dato de las comunidades autónomas, la Seguridad Social y las entidades locales (ayuntamientos), que también han presentando un desequilibrio, aunque menor que el del Estado.

Según explicaban desde el Gobierno, cuando se publicó el dato oficial de déficit del Estado (no incluye el resto de administraciones, solo la central), este comportamiento se debe a la caída de la actividad por el confinamiento necesario para combatir la pandemia, lo que ha provocado un descenso de los recursos del 10,6%, destacando un desplome de ingresos por IRPF del 31,5% respecto al mismo periodo del año anterior. Asimismo, las medidas adoptadas por el Gobierno para mitigar los efectos sociales, económicos y laborales de la crisis conllevan un aumento de los gastos del 10,8% hasta mayo.

Las operaciones del Estado de ese mes de mayo se encuadran en un contexto económico y social extraordinario, situación que ya empezó a tener impacto a mediados del mes de marzo tras la declaración del estado de alarma. Mes a mes se ha podido ir comprobando como la deuda pública crecía aun mayor ritmo que en ejercicios pasados.

Las estimaciones sobre el déficit público con el que terminará España este 2020 son muchas, pero todo hace indicar que el desequilibrio anual de las cuentas públicas podría estar entre el 10 y el 15%, lo que unido a una caída del PIB (el denominador en la ecuación deuda/PIB) de entre el 9 y el 15% -según el Banco de España-, podría disparar la deuda pública hasta niveles que superen el 120% del PIB.

La última vez que superó el 100%

La deuda pública alcanzó el 100,9% en el primer trimestre de 2015, cuando España ya estaba recuperándose de la crisis de deuda soberana que asoló parte de Europa (entre 2010 y 2012) con un crecimiento sólido, pero la tasa de paro aún se encontraba por encima del 20% (tiene un coste en prestaciones y merma los ingresos por cotizaciones y otros impuestos). Ese año, el déficit público aún fue del 5,2% del PIB, lo llevó a que la deuda creciese levemente.

Desde entonces y pese al crecimiento de la economía nacional, la deuda se ha movido relativamente poco. Los déficits públicos registrados con todos los gobiernos y una inflación que lleva años controlada, impiden que la deuda pública sobre PIB (se usa el PIB nominal para este ratio) haya caído de forma importante durante este último ciclo de crecimiento. El valor más bajo se registró en el cuarto trimestre de 2019 cuando cayó al 95,5%.

La nota positiva sobre todo este endeudamiento público es el reducido pago por intereses de la deuda, que a la postre es uno de los factores más relevantes para la sostenibilidad de la misma. El pago por intereses de la deuda se ha reducido desde el 3,5% del PIB en 2013 a poco más del 2% en 2019 y bajando. Mientras que el Banco Central Europeo siga apoyando a la deuda soberana con los vastos programas de compras de bonos en el mercado secundario, que están llevando los intereses que pagan todos los países por emitir deuda a mínimos históricos, la carga financiera de la deuda seguirá siendo reducida.

La intervención del BCE ha llevado a una buena parte de los países europeos (Alemania o Países Bajos) a recibir intereses gracias a los tipos negativos que presenta una parte relevante de la curva de rendimientos de la deuda soberana de estos países. Aunque en términos agregados estos países aún siguen pagando algo por la deuda (dentro del stock hay deuda emitida hace años cuando los tipos eran altos), el monto ha caído incluso por debajo del 1% del PIB.

Fuente: Vicente Nieves / El Economista

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