La necedad avanza y lo primero es asumir que no estamos libres de culpa. Michel de Montaigne dejó claro que nadie está libre de decir estupideces y matizó que lo malo es decirlas con énfasis. A partir de aquí, hay artistas de la frase estúpida. La frase definitiva, el pensamiento profundo que no puede faltar en el discurso de un necio perfecto, es esta advertencia: “Ojo: yo por las buenas soy muy bueno, pero por las malas…”. Brillante, a la par que original. A los demás no nos pasa eso, claro. Los demás devolvemos abrazos por bofetadas.

Claude Chabrol dijo que la tontería es fascinante porque, a diferencia de la inteligencia, no conoce límites. Adenauer, que Dios le había puesto límites a todo menos a la tontería. Mi delicioso y chispeante amigo Luis Carandell me contó personalmente que él rechazaba un candidato al premio al Tonto Contemporáneo si era un tonto obvio. Si no aportaba nada al conocimiento de la tontería. Mi madre me enseñó que un tonto es más peligroso que un malvado, porque puede hacer mucho más destrozo.

Miguel Platón afirma que lo peor es que el tonto sea activo, refiriéndose a ese empleado imbécil que dice “yo no paro quieto”. Noel Clarasó especuló con que al tonto no le debe ir tan mal cuando ninguno se queja de serlo. Estrabón diría hoy que una ardilla podría atravesar España saltando de tonto en tonto. Forrest Gump sabía que tonto era el que hacía tonterías. Por supuesto, la abundancia de tontos que vivimos no es nueva, sino cíclica. La historia va volviendo sobre sí misma. Y, en una u otra ocasión, las explosiones masivas de idiotez han llamado la atención de los más grandes.

José Ortega y Gasset dijo que el inteligente vive en guardia contra sus propias tonterías, las reconoce y se esfuerza en eliminarlas, al paso que el tonto se entrega a ellas encantado y sin reservas. Miguel Delibes escribió mucho sobre el particular e inventó el personaje de Azarías, que hacía de vientre en mitad de un paseo, junto a la señorial casa del amo. Santiago Amón dijo que en España no cabía un tonto más y que, si llegase otro, se caería al agua. Antonio Burgos descubrió el tonto con balcones a la calle, que exhibe orgulloso su condición y afirma que la calle Alcalá es tan larga que, si no, los bobos no cabrían.

José María García inventó el término abrazafarolas y el capitán Haddock, la voz bebe sin sed.

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