España es el único país del mundo que ha optado por combatir la violencia de género deteniendo igual a inocentes y culpables. Francia, Portugal, la República Dominicana y muchos otros países tuvieron la oportunidad de hacerlo aprobando leyes como la nuestra, pero recordaron que la ética existe. Comprobar que esto es cierto sería tan sencillo como investigar si muchísimos bufetes ofrecen a las señoras que acuden para divorciarse hacerlo “por lo civil o por lo penal”. Esta última vía exige fingir una agresión para sacar provecho de un sistema corrupto al que nada importa la verdad. Difuminada la línea que separa a esta de la mentira, la misma frontera entre el bien y el mal desaparece también y eso es España ahora. Todos saben que el número de víctimas femeninas no desciende con este sistema, pero pocos se plantean la razón evidente: los inocentes detenidos no estaban agrediendo a nadie.

Todo lo ha hecho posible la complicidad de juristas, políticos, periodistas y ciudadanos que niegan esto en público pero en privado citan casos de amigos afectados lo ha hecho posible. Cuando cumplen dieciocho años, a los hombres se les extirpan dos derechos fundamentales sin los que no hay democracia real: la presunción de inocencia y la tutela judicial efectiva. Cuatro adultos de cada cinco que se suicidan aquí son varones. Hombres que han perdido hijos y fortuna porque el sistema los ha considerado criminales violentos. El futuro nos juzgará por todo esto, porque en privado todos lo sabemos. Es la eterna historia de si Hitler fue el único culpable de lo que organizó mientras la mayoría del pueblo alemán miraba hacia otro lado. Les pese lo que les pese a los feministas radicales, las concomitancias entre ambos sistemas son muchísimas, empezando por que aquí se juzga a las personas por su condición de varones antes que por sus actos probados. En realidad, no se trata de nazismo. Se trata de que todos los sistemas totalitarios se parecen. Y España es el lugar en el que todo el mundo desconfía de que estemos condenando a inocentes por violencia de género… hasta que le toca a un hombre cercano.

 

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