• 30 septiembre, 2022 5:07 am

Ex-entrenador del Club Deportivo Grucer Madrid acosa de nuevo a las víctimas de las que abusó siendo menores tras salir de la cárcel

«¿Por qué ahora?»

– «Al menos en mi caso, porque soy capaz de hablarlo. Es verdad que hace años no hubiera podido hacer este tipo de entrevista porque me supone un esfuerzo a nivel emocional muy fuerte. Es recordar momentos que mi cerebro anula. Creo que trabajando mucho he sido capaz ahora de darles visibilidad, pero me ha costado un mundo».

– «Por eso y porque nos han dado la oportunidad la Asociación y en este caso MARCA de poder decirlo para remover el avispero y hacer algo al respecto. No se había interesado nadie, ni Federación, ni clubes… nadie. ‘¿Qué ha pasado? ¿Cómo estáis? ¿Necesitáis ayuda?’ Nada».

Miles de personas se acercan hacia el madrileño Parque del Retiro en este mediodía dominical de un febrero primaveral. Nelia del Campo Díaz y Sofía Giménez Herrera, a las que corresponden respectivamente las respuestas anteriores, contemplan tanto trasiego desde las cristaleras de una de las salas que utiliza la asociación en cuestión, la de jugadoras de Fútbol Sala. La AJFSF tiene mucho que ver en que, entre otros, se esté removiendo también ese avispero. El de los abusos sexuales a menores. Natalia Orive, presidenta, está presente respaldando un encuentro que se produce apenas 20 horas después de que el Teldeportivo (de Sofía) haya goleado al San Fernando (2-7) en partido del grupo IV de la Segunda división femenina.

Porque una de nuestras protagonistas sigue jugando… pero la otra, no. Diferentes recorridos para una historia que arranca hace más de una década.

Neli: Hace 13 años, más o menos. Jugábamos juntas en el Grucer y yo tenía 14 o 15.

Sofía: Yo llegué con 11 o 12…

Neli: Después apareció este entrenador, que causó todo lo que vino. Al principio era el hombre perfecto, al que confiarías a tus hijas. Era divertido, ayudaba todo el día, nos dio toda la confianza… hasta que empezaron a suceder cosas que no encajaban.

Sofía: Sí, yo creo que generó ese clima para luego actuar. Sentías admiración hacia él como entrenador, te enseñaba a jugar, ganabas partidos… a esa edad le tienes como un referente. Le quieres cerca tuyo porque te enseña y te ayuda. Te daba la confianza de abrirte como persona incluso o de pedirle consejo. Quizás ahí empezó a derivar todo…

Neli: Yo no era consciente de lo que pasaba, si soy sincera. Lo fui años después. Si en esta época tenía 15, a lo mejor me di cuenta con 18. Digamos que todo es sutil. No sé si se trataría de una estrategia, no sé qué pasaría por su cabeza, pero probablemente sí. Cuando te das cuenta de todo lo que hemos ido viviendo… de hecho creo que a día de hoy sigo sin ser consciente ni de la mitad de las cosas. En mi caso se trataba sobre todo del tema de los masajes. Te dolía una pierna o estabas cargada y él te toqueteaba, hasta que me di cuenta cuando fui a un fisio de que sus tocamientos no eran los que tenían que ser. Mi cabeza explotó ahí.

Sofía: Vas como descubriendo esos actos a medida que creces. Yo descubrí en la charla de HALT que había sido más veces abusada y hubo gente que estaba sentada allí y también se removió: «Yo también he sido abusada… y yo no he denunciado». En mi caso reconozco el abuso cuando toca mis partes íntimas. Ahí, sí. Es un sitio que sólo quieres que toque quien tú quieras. Fue el final: dije «tengo que hacer algo». Años más tarde entendí los otros tocamientos, cuando se sentaba a tu lado y te ponía la mano mientras hacías abdominales. Eso lo hacía a la vista de todo el mundo, no se escondía, era descarado…

Neli: Como muy natural. «Te estoy ayudando». «Ya, pero es que yo me estoy sintiendo incómoda…» Había esos momentos públicos y otros que no lo eran tanto, por así decirlo.

Es la primera vez que se exponen ante un medio de comunicación, pero en el caso de Sofía la segunda en la que cuenta su caso. El pasado 17 de diciembre lo hizo durante la charla que ha citado, en el marco de un proyecto europeo para la sensibilización, concienciación e identificación de situaciones de acoso y abuso en el ámbito deportivo. El evento en todo caso se correspondía con el análisis y conclusión final después de tres años de trabajo con la participación de diferentes países europeos (Austria, Grecia, Portugal, España, Chipre o Eslovenia, entre otros). Escrito de otro modo: ya no hay tal proyecto.

El relato continúa y el entrenador en cuestión llega a ser seleccionador de Madrid. Viajes, alojamientos, habitaciones… y llaves.

Sofía: Me sorprendió que se quedara una copia cuando nos daban dos. Pero es que por las noches se colaba… pues eso: a tocar. Le llamaban el hombre del pijama de rayas porque le veían así de habitación en habitación. De eso te enteras cuando el caso sale a la luz y resulta que todo el mundo sabe lo que tú no sabías.

Neli: Viví mogollón de episodios, pero no quería verlo. «¿A quién voy a ir yo a decir que este hombre al que adora todo el mundo me está haciendo algo con lo que me siento tan incómoda?» Llega un momento en el que dices «me voy a alejar», pero piensas que si te alejas se va a enfadar… y se enfada. Todavía tienes el chantaje emocional ése: «¿Por qué te alejas si para mí eres superimportante?»

Sofía: Sí, además de lo físico está lo psicológico. Cuando me sucedió, lo primero fue pensar que no me había sucedido…

Conviene insistir en que entonces eran menores antes de introducir dos variables: la culpabilización de las víctimas y el apoyo que reciben (o no) de su entorno.

Sofía: Al final piensas que a lo mejor has dado demasiada confianza. «¿He propiciado esta situación? Pero si soy menor y él adulto, entonces es consciente de lo que está haciendo» Pero dudaba, sí…

Neli: Tampoco te da mucho tiempo a pensar si eres culpable o qué eres. Simplemente eres una niña que está viviendo situaciones muy incómodas que no sabes cómo gestionar y tras las que no sabes a quién recurrir. La vida sigue pasando y tú sabes que no va bien, pero no sabes cómo enfrentarte a ello.

Sofía: Yo tuve la suerte de que cuando se lo conté a mi pareja de entonces o a mis padres no dudaron. Me apoyaron, me creyeron y me hicieron sentir cómoda. Me afectó más después, porque entonces ya lo había soltado y se trataba de una lucha conmigo misma para entenderlo y para superar la situación, pero tenía su apoyo y el de psicólogos.

Neli: Yo no recurrí a nadie. Me llegaban comentarios de otras jugadoras, «no me fío de este tío», pero qué les iba a decir… «¡Cómo te voy a contar nada si lo primero que me vas a preguntar es por qué le dejas hacerlo! No es que le esté dejando, es que no puedo reaccionar porque mi cabeza se bloquea». En ese caso sí que te sientes muy sola y hasta que no salió todo a la luz yo no dije nada. Luego me vino la culpa encima, tenía que haber dicho antes algo, pero no supe a quién recurrir. No sentía que tuviera esos apoyos cercanos.

A diferencia de muchos otros, este caso tuvo denuncia. Denuncias, concretamente. Y con ellas detención. Y juicio. Y sentencia. Y pena de prisión. El delito está probado, en fin, por si alguien se permitiera dudar de la versión recogida. De hecho este reportaje se entendía en el origen como una llamada al futuro, como una manera de prestar ayuda a las que pudieran pasar por trances similares. Pero resulta que, años después, el pasado aún encuentra preocupantes resquicios para colarse en el presente.

Sofía: Estar callada me hizo muchísimo daño. Eso te comía, era un veneno. Te estás boicoteando a ti misma constantemente y tu mente hace un trabajo de dar la vuelta a la situación.

Neli: Pero también piensas que vas a acusar a una persona de algo muy grave. En mi cabeza estaba todo el rato que le iba a joder la vida. ¿Cuál es la fina línea que marca lo que es correcto? Él tenía pareja, que también jugaba en un equipo, pero incluso en ese sentido seguía actuando…

Sofía: Pidió a mi padre que le hiciese unas tarjetas para su boda. Cuando me enteré fue cuando pensé «tengo que hacer algo, porque me está vacilando». Presenté la denuncia en Rivas y me preguntó la Guardia Civil si le había ocurrido a alguien más. «Creo que no». «Pues tienes que hacer una reunión y comentar que has denunciado». Así que mis padres se reunieron con los otros padres y yo, con las chicas. Cuando conté lo que me había pasado fue cuando me dijeron «a mí también», «a mí también», «a mí también»… resultó impactante. Te queda el triste consuelo de que no eres tú sola, pero es que en realidad la mayoría de mujeres hemos sufrido algún abuso.

Neli: Creo que al final denunciamos siete, pero había más casos. Él seguía como seleccionador. Le detuvieron directamente [por orden del Juzgado de Instrucción número 5 de Arganda]. Me fui a Granada a vivir y no quería saber nada. Mi subconsciente me hizo olvidar un montón de cosas que en el juicio tuve que revivir. Pero hace un par de meses sale en tercer grado y recibo un mensaje directo suyo en Instagram… una especie de aviso: «Hola, estoy fuera otra vez». Fui a la Policía Nacional, pero me dijeron que no podían hacer nada, que si me sentía acosada tenía que denunciar otra vez. La orden de alejamiento se había acabado y él lo sabía. «He estado mucho tiempo privado de libertad. Espero que te vaya bien la vida». Así que ahora mismo no puedo decir dónde estoy. Esa libertad de subir cosas a redes no la tengo, porque sigue estando ese hombre por ahí.

Sofía: Ahí es cuando vuelvo a saber de Neli, porque me avisa para que yo avise a otras compañeras. No sé, no ha cambiado nada…. Si ahora hubiese sucedido lo mismo, yo habría hecho lo mismo. No existe el recurso de acudir a un sitio donde a lo mejor te acompañen o te ayuden a llevar el proceso, una figura en entidades o clubes que se encargue de la vigilancia, una educación… no se ha hecho nada. Ha cumplido sus años, pues muy bien. Nosotras a buscarnos la vida y todo sigue igual. Yo denunciando me salvé. Me jodió la vida y tenía que hacer algo para salir adelante. Si no lo sacaba me hundía.

Pregunta: ¿Tenéis miedo?

Neli: Cuando recibí su mensaje sí. Lancé el aviso, le bloqueé y ya está, pero he tenido que modificar mis cuentas.

Sofía: A veces se me pasa por la cabeza que aparece en un polideportivo donde juego. No quiero ni encontrármelo por la calle, no quiero saber nada de él…

Hace unos días se conocía la cifra: las fuerzas de seguridad protegen a 836 menores víctimas de la violencia machista, un 26% más que hace un año. Todas tienen seguimiento dentro del sistema VioGén, ante ante el riesgo de sufrir algún tipo de agresión. «No me sorprende. Me fui en los estudios por la rama de lo social y es algo que he tenido muy presente. Sé en parte la realidad que se vive y que no pasa sólo en el fútbol sala, sino en cualquier ámbito. No debería ocurrir pero ahí está, porque no se hace nada, o al menos no todo lo que se debería hacer. Sigue siendo un tema tabú y se necesita un cambio a nivel social. Abrir un poco las mentes…», repasa Neli. «Quiero ser optimista, pero es complicado. Hay millones de comentarios, trabas o conflictos cuando quieres hacer algo. Los jóvenes lo tienen más presente, lo hablan, la mentalidad es más abierta… pero el problema llega a la hora de actuar. No hay apoyo. Nos falta otro paso», completa Sofía.

En lo que al deporte respecta, efectivamente, tomaron caminos diferentes. Tan respetable el uno como el otro, por supuesto.

Neli: Yo continúo en el fútbol sala hasta que llega un momento en el que mi cabeza me dice que pare, que tengo que centrarme en mí porque en este tiempo han pasado muchas cosas muy importantes. No me estaba haciendo bien, no estaba siendo feliz y lo dejé por estar conmigo misma y por necesitar el tiempo que no me había dado en años anteriores.

Sofía: A mí es algo que me hace bien, me despeja la mente… es como decir: «Ya me has jodido la vida, pero no me vas a quitar esto también. Voy a ser yo quien decida cuándo dejarlo». El fútbol sala me ha dado esa parte negativa, pero también me ha dado mucho bueno y me quedo con eso, con el lado positivo de lo que te pasa. Hay que alejar a esta gente del deporte, para que sea un lugar seguro en el que las chicas no tengan miedo. Y si ocurre, que se denuncie para hacer el menor daño posible a las que vengan detrás.

Neli: Y más que dar la responsabilidad a las niñas para que denunciemos, si el entorno está viendo venir algo que actúe. Cuando salió nuestra noticia me llegó un aluvión de comentarios: «Lo sabía», «te lo dije», «no sé qué»… «¿Pues si lo sabías por qué no me sacas de ahí?, ¿por qué no haces nada?»

Ha pasado el tiempo. Se echa encima la tarde. Cuando ya no se graba aún reaparecen episodios de aquella época. Si no atendías a los requerimientos del personaje, podías olvidarte de la selección. ¿Méritos deportivos? Eso era lo de menos. MARCA respeta, faltaría más, la reinserción social como objetivo de toda pena, y en ese sentido la privacidad de C. M., (Carlos Mayorga) por más que en su día trascendieran nombre y apellido, pero dispone en todo caso del mensaje que recibió Neli recientemente, en el que bajo la envoltura de las disculpas el abusador deja muy claro que la tiene controlada a través de sus aficiones. Porque ellas han diseñado una vida en la que, afortunadamente, él ya no puede encontrar hueco alguno. Contando su historia pretenden ayudar, nada más que eso y nada menos que eso. Da gusto escuchar sus risas mientras posan para las fotografías.

Neli: Estoy muy tensa. Tengo muchos nervios. Pero luego será «vale, lo he echado y espero que sirva para algo o para alguien». Estoy haciendo esto porque sé que de alguna manera va a llegar, aunque sea a una persona, me da igual. Me sentiré más que satisfecha por aportar si mi relato sirve para que alguien diga «yo he vivido este tipo de cosas y puedo denunciar sin que el mundo se me eche encima».

Sofía: Aquella charla tuvo una repercusión que me dejó flipando. Un montón de gente se puso en contacto conmigo o con compañeras: «me siento identificada», «gracias por hablarlo»… fue algo tan positivo que, aunque te sientas tensa cuando te expones, piensas en lo que viene después: vale la pena si ayudas. Lo positivo te ayuda a sanar, a cerrar esa herida después de muchos años peleando contigo misma.

Acuerdo de coooperación entre AJFSF y ‘Coloso con Pies de Barro’

A raíz del evento organizado por la AJFSF con motivo del proyecto HALT, se abren ahora otras vías en España entre la propia Asociación de Jugadoras de Fútbol Sala y la Asociación ‘Coloso con Pies de Barro’ para prevenir y ayudar desde un acuerdo de cooperación. Fundada en Francia en 2013 por el exjugador de rugby profesional Sebastien Boueilh, a partir de su historia personal como niño víctima de abusos sexuales entre los 12 y los 16 años, ‘Coloso’ se constituye en España durante el verano de 2021 y trabaja en la sensibilización y prevención de los diversos delitos sexuales, riesgos de pedofilia, novatadas y acoso a través de intervenciones y formación en clubes, centros de alto rendimiento, colegios y otras instituciones.

Fuente: Marca

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