El peligro entre familias vulnerables con menores de perder la vivienda, a menudo una experiencia que desgraciadamente no es nueva para ellos y que se está agravando por la crisis del coronavirus, está causando problemas físicos y psicológicos en niños y adolescentes, alerta un estudio de la Fundació Pere Tarrés. Este se ha realizado a partir de encuestas a 176 familias usuarias de los centros socio educativos de la institución en Barcelona. 

La jefa de estudios de la fundación, Rosalina Alcalde, ha puesto de manifiesto este miércoles en la presentación del informe el «efecto devastador en las familias de clase baja empobrecidas» a las que atienden afectadas por inseguridad en la vivienda. 

Casi la mitad de estas, el 46%, han manifestado a la entidad que se sienten «en riesgo de perderla» y este miedo se basa «en elementos robustos, no es algo subjetivo», ha resaltado Alcalde. La mitad tienen dificultades para pagarla y el 23% no pueden directamente hacerlo.

Un 10% de las 176 familias encuestadas con hijos a su cargo son okupas y un 8% viven en una habitación alquilada junto a otras familias. El 22% han pasado por un desalojo en los últimos cuatro años.

Falta de intimidad y de espacio para los menores

Las familias con más riesgo de exclusión residencial son las monomarentales, el 65% de las preguntadas, muchas de ellas mujeres extranjeras sin redes de apoyo familiares a las que acudir. “Están solas, no tienen red. La combinación de empobrecimiento y ausencia de un apoyo familiar y de ayuda es una combinación explosiva”, ha avisado Alcalde. 

Fruto de estas situaciones límite, hasta el 23,2% de estos núcleos familiares han detectado afectaciones físicas en los pequeños derivadas de la situación de la vivienda en la que residen. Un 34,7% creen que sus hijos sufren problemas emocionales y un 21,6% de intimidad.

De este porcentaje, un 22% ha manifestado no contar con una habitación propia o tener que hacer los deberes en la cama o en el comedor junto al resto de convivientes, un 7% trastornos alimentarios y un 4% problemas de higiene.

«En general, son pisos de menos de 70 metros cuadrados y con problemas de goteras o humedades (el 25,6% de las familias las sufren), grietas o mala iluminación», ha indicado la experta. Un 68% no pueden mantenerlos a una temperatura adecuada ni en invierno ni en verano. En un 14% de los casos, existe un problema de «amontonamiento», que agrava «la falta de espacio y de intimidad, un elemento de gran malestar sobre todo para pre adolescentes y adolescentes», ha comentado Alcalde.

También genera peligro de transmisión de enfermedades infecciosas, dolencias en la piel y respiratorias (asma, resfriados o bronquitis causados por un mal acondicionamiento térmico de la vivienda).

Miedo a ser estigmatizados como pobres

Entre los efectos directos de esta precariedad habitacional en el ámbito emocional de los niños consta «la vergüenza de no querer llevar a los compañeros de clase a casa porque estas no están en condiciones». Esto les produce «estrés, ansiedad y miedo a ser estigmatizados como pobres» por los otros niños cuando lo comenten en la escuela. Incluso, una mayor predisposición a ser víctimas de bullying.

Entre los testimonios de algunos de estos menores, les hace sentir mal que sus casas estén «rotas y sucias» o que sean pequeñas. Estrella Ambrojo, de la PAH, ha hablado de casos extremos de apartamentos de 40 metros cuadrados en los que viven menores con 7 u 8 personas, «con cero intimidad y con gente que no es de su familia».

Entre los menores que han sufrido desahucios, «no les resulta nada fácil hablar de ello», ha asegurado Alcalde: «Hay una estrategia de silencio de los padres de no explicar a los niños lo que pasa para no preocuparles pero ellos son conscientes de lo que pasa». 

«Que no hablen no quiere decir que no sufran, y hace más probable que este problema se agrave», ha indicado. «Convivir con adultos que no sean de la familia puede conllevar riesgos de abusos físicos y sexuales», ha resaltado.

«En un desahucio, una niña tuvo que escoger qué muñecos se llevaba y tuvo que dejar a su gato», ha recordado Ambrojo. «El problema no es ahora, sino qué trastornos mentales tendrán en la adolescencia, en la juventud o de adultos», ha dicho en su intervención durante el tiempo de debate del acto organizado por la Fundació Tarrés.

La síndica de Barcelona, Maria Assumpció Vilà, ha participado para remarcar que las dificultades en el ámbito de la vivienda «provocan un estado de irritabilidad, nerviosismo y soledad» en los menores, y ha recordado la responsabilidad de las administraciones locales en esta problemática.

Fuente: 20 Minutos

DEJA UNA RESPUESTA

Please enter your comment!
Please enter your name here