El secreto de José María García está, probablemente, en una inteligencia muy elevada que le permite radiografiar, narrar fascinando al público cuando emite los resultados de esa radiografía, y producir humor. Ya saben que Nietzsche consideraba que la inteligencia bruta de un hombre se medía precisamente por su capacidad de producir humor. García es una máquina de hablar comunicando. En la entrevista que me ha concedido esta semana en Capital Radio estuvo tan crítico y tan rápido como cuando tenía veinte años. Tan lúcido como siempre, y añadiendo el dato dulce de que ahora está enamorado de su nieta y eso le ha cambiado la vida, volvió a lanzarse a la crítica social. Refiriéndose a España dijo que “Para que un país sea grande, necesita políticos brillantes, justicia independiente y comunicación libre”. También se preguntó, pensando en voz alta, «cómo es posible que en algún lugar pueda dirigir una radio un tipo que nunca se ha puesto al micrófono”. Anunció que no piensa volver para hacer radio. Y lo hizo de una manera especial: con mucha más contundencia y decisión que en las anteriores ocasiones. En otro momento insistió en que «Estamos gobernados por mediocres».

El comunicador que un día llegó a ser el mejor pagado del mundo se refirió también a la justicia. Le pregunté si no era cierto que la política había estallado en metástasis de detritos salpicando a la justicia y al periodismo y pasando a englobarlas como esferas más cercanas. Él afirmó que la justicia “Es independiente en el caso del choricete de barrio, que roba un bocata y lo meten en la cárcel». Y añadió: «Yo pregunto, ¿dónde está la familia Pujol?». «En cuanto a la comunicación, dicen que es plural e independiente, pero yo digo que los periodistas de hoy son propagandistas. Yo he hecho durante cuarenta años prioritariamente información deportiva. Y la he hecho porque no se podía hacer otra cosa».

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