• 2 diciembre, 2022 5:31 pm

El pueblo italiano de los horrores: pedofilia, satanismo y asesinatos. ¿Realidad o recuerdos implantados?

¿Se puede crear un recuerdo en un niño? ¿Puede creer haber participado en ritos satánicos, matado a otros niños o sufrido macabros abusos sexuales sin que nada de eso haya sucedido? ¿Por qué una niña diría en un interrogatorio: “Queridos padres, vosotros me lo habéis hecho pasar muy mal durante tres años y medio. Yo he sufrido, ahora os toca sufrir a vosotros”?

Noviembre de 2021. Un tribunal de Reggio Emilia condena al psicoterapeuta infantil Claudio Foti a cuatro años de prisión por manipular a menores en el caso llamado Bibbiano. Estos niños eran separados de sus progenitores por supuestos abusos y entregados a familias de acogida utilizando criterios que el tribunal ha considerado fraudulentos. Los hechos denunciados incluyen largos interrogatorios capciosos, prácticas con descargas eléctricas o agregar elementos sexuales a los dibujos que hacían los infantes. El psicólogo ha recurrido el fallo. Hay otras 17 personas a la espera de que se celebre su juicio.

En esta sentencia reverbera una cruel, enloquecida y compleja historia sucedida en la Baja Módena hace más de 20 años. Misma región, parecido método de trabajo y algunos nombres repetidos, entre psicólogos y asistentes sociales. El Confidencial ha hablado con los periodistas que investigaron el caso y con algunos de sus protagonistas para intentar reconstruir aquel suceso que marcó la crónica negra de Italia y cuyo debate de fondo planea una pregunta muy delicada: ¿se puede manipular la memoria de los niños?

Los diablos de la Baja Módena

Entre 1997 y 1998, 16 niños son separados de sus familias por los servicios sociales en varios pueblos de la provincia de Módena. Los familiares son acusados primero de abusos sexuales en casa. Unos meses después, los menores tratados por los servicios sociales denuncian, además, que les obligaron a realizar ritos satánicos en un cementerio en los que, entre otras barbaridades, eran forzados a matar a otros niños.

Las denuncias parten de Davide, el llamado niño cero, y se multiplican en cascada durante años, complicando una historia repleta de dramas y secretos: una madre que se suicida lanzándose al vacío, un sacerdote acusado de dirigir una organización pedófila y satanista muerto por un ataque al corazón en el despacho de su abogado, una mujer embarazada que huyó a parir a Francia para que el Estado no le quitara a su hijo al nacer, varias familias encarceladas y niños con infancias traumáticas.

Ahora, después de 20 años, algunos de estos menores aseguran que todo lo que contaron fue falso. Otros, sin embargo, dicen que sí sucedió todo.

Toda esta historia, que ha generado un debate sobre la pedofilia y la psicología infantil en Italia, habría quedado olvidada si no fuera por el trabajo de los periodistas Pablo Trincia y Alessia Rafanelli, que rescataron de las cloacas aquellos sucesos en el podcast Veleno, adaptado a la televisión este año en una serie de cinco capítulos.

“Cuando comencé a investigar era una historia de la que cada uno recordaba una parte, pero nadie sabía contar el todo”, señala Trincia en una entrevista con El Confidencial. “Encontré que había casos iguales en EEUU, en Francia… Lo que descubrí es que los niños que pasaban por los servicios sociales de Mirandola acababan hablando de abusos, cementerios, ritos satánicos y homicidios. Encontré que una niña llegó a decirle a un juez que ella misma iba al parque del pueblo y se llevaba a otros niños al cementerio y allí los mataban. No había prueba fehaciente de nada, tampoco de los abusos”, agrega. Para el periodista italiano está claro: “Hubo un contagio psicológico metiendo a niños recuerdos falsos. Es fácil hacer eso”.

16 víctimas, 2 bandos

El Confidencial ha hablado con Selena Bonfatti, una de aquellos 16 niños que pasó años sin ver a su familia. Ella fue la única que nunca admitió nada de esos sucesos, aunque también llegó a dudar. “En algún momento en la adolescencia, ante su insistencia, empecé a dudar de si había eliminado esos recuerdos de mi cabeza para defenderme”, admite.

— Ellos me hablaban del cementerio. Era un tortura, horas de sesiones cada semana con los psicólogos que me repetían lo mismo. Yo decía que no, que era mentira, que mis padres no me habían hecho nada.

— ¿Y nadie te creía?

— Me decían que yo era una mentirosa. Que no tenía sentido que mintiera porque otros niños ya habían hablado. Ellos usaban todo. Una vez le dije a la psicóloga que me gustaban los gatos y la psicóloga lo usó para decirme que me gustaban porque había visto como los sacrificaban en el cementerio. Me hablaban de un tal Don Giorgio al que yo ni conocía. Era todo una estupidez. Según ellos yo por las tardes iba obligada a un cementerio a realizar ritos satánicos donde hasta se mataban otros niños y a la mañana siguiente estaba en la escuela”

“He visto cómo se mataban niños. Los mataban con un cuchillo”

Al otro lado —porque entre las víctimas hay ahora dos bandos— está la voz de Valeria Covezzi, otro de los 16 niños separados. Tras emitirse Veleno en 2019, confirmaba en una entrevista su versión inicial: “Mi papá nos violaba a mí y mi hermano. Si yo hubiera tenido una duda, al hacerme mayor yo hubiera dicho que quiero volver con mi madre”.

Su madre y padre, absueltos de todo, son la otra cara de este drama. Les quitaron a sus cuatro hijos cuando todavía no había sido ni investigado el caso, solo con el testimonio de una sobrina con problemas mentales, un escándalo que llegó hasta el Senado. Ella se refugió en Francia para que no le quitaran también el hijo que esperaba y él murió de un infarto podo después de ser declarado inocente.

Sobre los ritos satánicos, la hoy adulta Valeria reafirmaba su versión: “He visto cómo se mataban niños. Los mataban con un cuchillo”. ¿Tú has debido matar niños?, pregunta la periodista. “Yo lo he visto hacer y una vez lo tuve que hacer yo”, responde ella.

En el documental Veleno se ve a los entonces menores ‘confesando’ estas atrocidades en los interrogatorios del juicio: “Sujetaban a un niño y yo le clavaba un cuchillo en el corazón”. Otra niña hablaba de quince niños sacrificados cada semana.

Algunos de los menores protagonistas tratados en los servicios sociales contaban que entre 1994 y 1996, el sacerdote Giorgio Govoni dirigía los rituales en el cementerio de Massa Finalese donde se desenterraban ataúdes frente a una audiencia de adultos enmascarados. En uno de los videos, una niña llega a decir que mataban cinco niños cada día, que sufrían abusos muy violentos, se introducía sangre de gato en sus zonas íntimas, se invocaba al demonio…

Ni un solo desaparecido

Pese a estas declaraciones, el juzgado de Bolonia desestimó toda la historia de los ritos satánicos y absolvió a los acusados en una sentencia de apelación del 11 de julio de 2001.

Después de todas las investigaciones y detenciones no se encontró una sola prueba. No hallaron trazas de sangre, ni movimiento de tierras en el cementerio; no hubo ni un testigo que viera nada, nunca se ha publicado una foto o un video. Nunca se encontraron en los registros máscaras o disfraces y no hay una sola denuncia de un niño desaparecido en la zona.

“Un perito médico que consulté, al leer los atestados, me dijo: si esto hubiera sucedido todos esos niños estarían muertos”, señala Trincia.

Para explicar la ausencia desaparecidos y cadáveres, el entorno de las acusaciones de la época señala al sacerdote Govoni, al que acusaban de traer menores ocultos en una furgoneta desde Bosnia, donde tenía un programa de ayuda.

“Los niños declararon que hubo abusos en las familias y fuera de las familias. Hay una sentencia condenatoria firme por los abusos familiares, de eso no hay duda”, explica Annalisa Lucarelli, madre adoptiva de una de las 16 niñas y portavoz del colectivo Voci Vere (Voces Verdaderas), un colectivo representa a varios padres adoptivos y a siete de las víctimas que sostienen que todo lo contado por los niños fue cierto y que nunca hubo manipulación psicológica. ”Sobre lo ocurrido en el cementerio faltaron pruebas”, agrega en una entrevista con El Confidencial.

Como mantiene Lucarelli, los imputados por abusos en el ámbito familiar fueron condenados y tienen sentencias firmes. Sin embargo, los acusados por los ritos satánicos o, en un proceso posterior, los padres de la propia Valeria Covezzi -la joven que hoy se reafirma en todo lo que contó-, han sido absueltos. Le preguntamos a la representante de Voci Vere por las incongruencia del caso:

– ¿Ustedes sostienen que los hechos relatados de los ritos satánicos y el cementerio son ciertos?

– La gente se fija mucho en la historia de los ritos satánicos. Podría ser que quizá los abusos se hicieron con los adultos disfrazados, en una habitación, o quizá era el campo y no un cementerio y los niños se han confundido. Como no hubo pruebas no hubo sentencias, pero no excluyo que haya sucedido.

– Perdone, pero los testimonios de los niños son muy precisos. Hablan de un lugar concreto, dan detalles claros, cifras, nombres, ellos mismos dicen que han matado algunos niños… ¿De dónde va a salir una historia tan precisa y dura de la mente de un niño sin vivirla?

– Eso mismo me pregunto yo. Esos niños no tenían relación entre sí y narran hechos similares. Quizá eran muñecos lo que mataban y pensaban que eran niños reales. No lo sé. La sentencia condenatoria excluye que los niños estuvieran sugestionados. Hay una sentencia que afirma que los niños sufrieron abusos y lo del cementerio se desestimó por falta de pruebas. Una cosa podría ser cierta y otra no. Una cosa no niega la otra.

El nexo

Hay un nexo común entre los menores cuando relatan la historia: los servicios sociales de Mirándola y Massa Finalese y la doctora Valeria Donati que trata a todos los niños directa o indirectamente.

“Yo sólo he sido un testigo más en el juicio de Baja Módena. No tengo ninguna relación con el doctor Foti ni con lo ocurrido en Bibbiano”, declaró la doctora Donati en un reciente comunicado de prensa en el que negó haber manipulado a los menores. “Hice mi deber y ahora no trabajo y recibo amenazas de muerte. Me he podido equivocar en algo, pero hice profesionalmente lo mejor para los niños. Con la mayoría tengo una buena relación”, ha declarado la psicóloga en algunas entrevistas.

Los que ponen en duda el proceso se preguntan: ¿Por qué inventaría un niño la historia macabra de los ritos y diría la verdad en el resto?

“No sabemos si los niños sufrieron abusos sexuales o no, pero seguro han sido abusados psicológicamente. Hubo un abuso psicológico y de poder”, opina Trincia.

Las dos confesiones del bambino cero

El inicio de todo es Davide Galliera, un niño de entonces siete años que vivía con una familia de acogida. Su familia natural era extremadamente pobre, inculta y desestructurada. El niño fue separado de sus padres desde pequeño por su incapacidad para mantenerlo y desde entonces cambiará muchas veces de centros y familias de acogida. Durante algunos meses estuvo con Silvio y Oddina, unos vecinos que quisieron adoptar al pequeño, que estaba en manos de los servicios sociales.

Aunque este matrimonio no fue salpicado por estos escabrosos sucesos, Oddina empezó a sospechar del proceso y se pasó años recopilando obsesivamente datos y pruebas para demostrar que las denuncias eran falsas. Al morir, en 2013, dejó cientos de documentos y cintas de video que había recopilado durante años en cajas y pidió a sus hijas y a su marido que lo mantuvieran porque quizá un día aparecería alguien que estudiaría todo el caso. Ese alguien fue Trincia y ese trabajo es la base de Veleno.

La primera denuncia de Davide se produce después de una visita a su familia natural. Sus padres de acogida ya habían advertido que cada vez que iba a verlos, el niño regresaba triste. La madre adoptiva empezó a sospechar que le maltrataban. El niño comienza entonces a hablar de abusos y, pocos meses después, comienza a relatar los supuestos sucesos ritos satánicos en el cementerio, donde habría matado a otro niño y habría sido violado por el cura Don Giorgio. Asegura que otra niña también habría sido abusada. Todo lo hablaba con la psicóloga Paula Donati, que era quien le trataba.

Dos décadas después, el propio Davide, ahora en sus treinta, ha definido así aquel proceso con los servicios sociales en una entrevista con el periódico Repubblica: “Durante las entrevistas me hacían tantas preguntas repetitivas que te influenciaban y metían en tu boca palabras que no eran tuyas. Una vez estaba jugando con dos muñecos y recuerdo que la doctora me dijo: ¿a qué estás jugando, estás haciendo sexo? Te martilleaban con las mismas preguntas hasta que decías lo que ellos querían. Por desesperación he inventado muchos nombres, los que me venían a la mente. Y luego he inventado que mi hermano abusaba de mí, los ritos satánicos en el cementerio. En todo aquello no había nada de verdad. Si yo decía que estaba bien no me creía nadie. Señalé a mi hermano y padres, que más allá de ser muy pobres nunca me han hecho mal”.

Fueron su hermano y sus padres, junto con otros cinco adultos son los primeros acusados de abusos en la cascada de nombres que van soltando los pequeños. Todos vienen de un entorno muy pobre, con violencia familiar en algunos casos y hasta pedofilia. El padre de Federico Scotta es un pedófilo que ha abusado de su propia hija. La primera hija de este matrimonio es tratada desde bebé por graves maltratos, de los que la pareja acusa a una amiga, y el matrimonio pierde un tiempo su custodia.

Otros de los acusados, los Galliera, viven de la caridad del párroco Giorgio Govoni que acabará siendo acusado de organizar los supuestos ritos satánicos y absuelto tras su muerte. Otra, Francesca, es una separada que ha sufrido malos tratos. Y otro más, Bergamini, amigo de los Galliera, es un agresivo delincuente reconocido. Todo ese desestructurado grupo es acusado de abusar de sus hijos y comerciar con sus videos y fotos.

Lo que yo he pasado

Davide, hoy adulto, trata de explicar por qué mintió. “Yo veía que todo lo que decía gustaba. La doctora me decía que yo era valiente. Estoy muy triste de que mi hermano fuera a prisión. Me quería mucho y estábamos muy unidos”, dice hoy, ya adulto, Davide. ¿Por qué hablas ahora?, le preguntaron en la entrevista con La Repubblica: “Cuando salió Veleno sentí que debía pedir perdón a mi hermano. Era toda una vida que me sentía culpable. Mi madre adoptiva me decía que yo repetía lo que declaraba Pablo Trincia en Veleno y yo respondía que esa era la verdad”.

Sobre las versiones de los otros niños, el ‘bambino cero’, que arrastró problemas psicológicos y de alcoholismo, piensa que les sucedió algo parecido: “Les ha sucedido lo mismo que a mí. Los que siguen afirmando esto hoy creo que saben dentro de ellos la verdad. Otra opción es que les hayan inducido falsos recuerdos con el dolor de cabeza que daban los interrogatorios. O quizá les da miedo decir que han mentido durante 20 años. Aceptar que he matado a otros niños y que abusaron de mí no lo acepto porque no ha sucedido”.

Desde la asociación Voci Vere responden a esta versión del joven que lo desencadenó todo. “El hecho de que algunas personas hayan cambiado su versión tras 20 años me parece un poco raro. Yo no quiero acusar a nadie, pero podrían haber hablado antes de salir Veleno, ¿no?”, replica Lucarelli.

También Valeria Donati, la psicóloga que lo trató entonces, se defiente. “Hoy Davide es libre de expresar lo que piensa, pero las pruebas físicas y todas las investigaciones realizadas en ese momento dieron lugar a duras condenas firmes para 11 imputados”.

Algunas de las víctimas que aseguran que todo fue cierto anteponen sus recuerdos a la versión de Davide. “Lo que he vivido sólo yo puedo entenderlo. Si fuera mentira querría haber vuelto con mis padres al ser mayor de edad y no quiero”, dice una de ellas. “¿Por qué unos se han retractado nos debemos retractar todos? Se ha hecho pasar como víctimas a los que abusaban de niños. Siento mucha rabia”, dice otra.

La madre que se lanzó por la ventana

Una última voz especialmente dramática. Es la de M, que de niña denunció los abusos y cuya madre, Francesca Ederoclite, acabó suicidándose.

“Soy la chica que habéis llamado Marta en Veleno (se ocultaron sus nombres reales en el podcast). Os he contactado tras escucharos. Digamos que estos 20 años he tenido siempre dudas de lo que me sucedió. Yo tengo la certeza al 100% de haber inventado toda la historia que he contado a asistentes sociales, psicólogos y jueces. Estoy segura de que eso nunca me ha sucedido”, le dice ahora al periodista Trincia.

Su madre Francesca era vecina de los Scotta, una mujer separada y víctima de malos tratos a la que acusaron de ganar dinero permitiendo que abusaran de su hija. Negó siempre los hechos. Un día, tras estar recluida en prisión domiciliaria por intentar ver a su hija que estaba bajo custodia, escuchó en televisión que los abusos de la niña eran de tal gravedad que no podría tener hijos. Entonces llamó a los vecinos y les dijo que no podía más, que lucharan ellos por la verdad y se lanzó por la ventana.

M explica que le hicieron creer que su madre se había suicidado porque era culpable de alguna manera y ella aceptó esa versión como buena. “Seguramente no era una santa. Quizá a veces podía ser algo agresiva. Pegarme con una zapatilla o me daba una bofetada. Eso lo recuerdo, pero todo el resto no”, dice ahora su hija. “Si yo me he inventado todo, ¿cómo es que aquellos niños han contado la misma historia? Entonces me he dado cuenta del asco que daba todo”.

El caso también se llevó por delante la vida de Selena, que estuvo separada de su madre durante años. Así lo cuenta ahora a El Confidencial:

“De los 14 a los 18 años yo era la única a la que permitían tener alguna visita con mi madre. Llegué a odiarlas. Grababan los encuentros y los veía luego con la psicóloga y me amenazaban. Me decían que mi madre era malísima, que había permitido todo. Estaba prohibido hablar del pasado con mi madre y si tocábamos algo el tema la psicóloga cortaba. Cuando cumplí 18 años no quise ver más a mi madre natural hasta los 28 años, que fui yo madre. Ahora mi madre ha vuelto a mi vida, pero nos han robado 20 años”.

– ¿Es verdad que tu madre dejó durante 10 años el teléfono fijo de casa activo, al que no llamaba ya nadie, porque era el que tu tenías y conservaba la esperanza de que un día la contactaras?

– Sí. Llamé a su casa cuando tuve a mi primera hija y me di cuenta de que me faltaba mi madre.

– ¿Querrías denunciar a las personas que os trataron?

– No por mí, porque no hagan lo mismo a otros. [En ese momento se emociona y se le quiebra la voz]. No se puede secuestrar a 16 niños.

“Me inventaré ahora mis sueños”

En todo caso, es complicado plantear ahora denuncias. Muchos delitos han prescrito o no hay pruebas. Es la palabra de unos frente a la de los otros. Además, como hemos visto, no todos tienen esa visión negativa de los servicios sociales y los psicólogos. La portavoz de Voci Vere, Annalisa Lucarelli, defiende el proceso y acabó adoptando a la niña que acogió.

– ¿La sentencia de Bibbiano les ha hecho dudar de que algo se hubiera hecho mal?

– Bibbiano no tiene nada que ver con nosotros. Yo nunca sentí que a mi hija la manipulaban. Yo la llevaba a la psicóloga y eran sesiones de una o dos horas. Los chicos que afirman que eran todas muchas horas o no dicen algo cierto o no recuerdan bien. Yo a los psicólogos sólo puedo darles la gracias. Mi hija hace 20 años tenía problemas muy graves y hoy está renacida”, asegura Annalisa Lucarelli que ha acabado adoptando a aquella niña que acogió.

– ¿Qué quieren hoy las víctimas a las que Voci Vere representa?

– Que les dejen en paz, pasar página. Han necesitado mucho tiempo para estar bien y ahora ha regresado todo. Tienen derecho a vivir su vida”.

Los que apuntan a la manipulación de los menores tienen varias posibles explicaciones. “Yo prefiero pensar que lo hicieron por dinero. Si no son personas locas”, dice Selena Bonfatti.

Trinicia, tras investigar y conocer el caso como nadie, concluye: “Yo pienso que Donati creía que esos niños formaban parte de ritos satánicos y sufrían abusos. Pero es cierto que hay dinero detrás. Donati montó una estructura privada, ‘Centro Aiuto Bambino’ (Centro de Ayuda al Niño), que llevó desde 2002 el tratamiento de todos los niños implicados en aquellos abusos tras acuerdo con la sanidad pública regional. Esta empresa ha facturado 2,2 millones de euros en 11 años. Por cada niño se cobraba entre 1.032 y 1.400 euros al mes por la terapia”.

Todos esos niños, los 16, son las víctimas de esta historia, sea total, parcial o nada veraz lo que han contado. Davide, el niño con el que comenzó todo y al que hasta hoy una tormenta sacude su corazón y su alma, concluye con lágrimas en los ojos tras reconocer que inventó la historia: “Mi sueño es acabar siendo un músico, cantar. Los sueños los estoy creando ahora porque ni en soñar he sido muy bueno. Me inventaré los sueños”.

Fuente: El Confidencial

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