No descubre nada nuevo para quienes trabajan a diario con los menores no acompañados. Confirma las experiencias que llevan años transmitiendo esos niños cuando llegan a España. El 84% de los menores que llegan a España sufrieron privaciones durante el trayecto y el 61,3% sufrieron abusos o malos tratos durante la travesía.

Es lo que refleja el primer estudio científico realizado sobre una muestra amplia, 730 menores, que analiza la vulnerabilidad de estos niños. Elaborado por Carlos González de Escalada, director general de la Fundación SAMU y doctor en Ciencias Sociales, el estudio ha sido publicado por la revista científica CISDE, y arroja un retrato atroz de las privaciones que sufren los menores que llegan a España desde África y que se han multiplicado por cuatro desde 2012. La Fundación SAMU gestiona numerosos centros concertados para atender a estos menores.

Los números son elocuentes. Desde 2015, Andalucía ha atendido a 16.664 menores inmigrantes no acompañados. Incluyendo aquellos que voluntariamente consiguen una reagrupación familiar la cifra sube a 22.760. El 96% viene para buscar la oportunidad de una vida mejor y lo hacen con una media de edad de 17 años. El estudio solo entrevista a varones, que representan más del 95% de menores que entran de forma irregular y sin la compañía de un adulto.

Las familias, detrás

No dan el salto a Europa en solitario. El 76,7% confiesa que necesitaron ayuda de sus familias para pagar la travesía a España. El 30% pagó entre 2.000 y 3.000 euros o más. El 54,8% se puso en manos de una mafia organizada. La mayoría, el 68%, tardó un mes o menos en llegar a España, proceden en su mayoría de Marruecos, aunque un 10,2% tardó entre uno y tres años. El 61,3% sufrió algún tipo de abuso, maltrato o negligencia durante el tránsito.

Casi 9 de cada diez (87%) hicieron la travesía en condiciones de “extrema peligrosidad”, la inmensa mayoría (80%) en una patera o embarcación efímera, lanchas o flotadores de juguete. Un 7,7% llegan escondidos en los bajos de un camión. Muchos narran que vieron morir a uno o dos de los compañeros de la barca antes de llegar a España.

Secuestrados por las mafias

Si al llegar no son atendidos por Cruz Roja y la Guardia Civil, narran que se llevan varios días ocultos hasta que normalmente los localiza la Policía. Algunos cuentan que son las propias mafias las que los ocultan, “narrando lo que podía ser un secuestro puro y duro”, señala el autor del informe. El 27,4% aseguran que se vieron privados de su libertad.

El 96,8% de los chicos que llegan son musulmanes y el 38% habían estudiado en madrazas o escuelas coránicas. Una vez la administración asume su tutela, los menores no pueden tener relación con nadie que no esté expresamente autorizado por la administración o sea personal del centro en el que ingresa. Se vigila muy cerca que no acudan a centros religiosos donde pueda darse una radicalización religiosa.

Ofertas para delinquir

Una vez que llegan a España, el 6,4% admite haber recibido ofertas para delinquir. Lo que les ofrecen de forma más común, según narran en este estudio, es el trapicheo con drogas o el robo. Cuando se les pregunta si conocen a otros menores a los que se le haya ofrecido la oportunidad de cometer actos delictivos para ganar dinero la cifra sube al 16,1%.

Los menores vienen dispuestos a trabajar y con un proyecto migratorio muy definido. En muchas ocasiones España es solo un lugar de paso hacia otras capitales europeas. El viaje se para sí no hay un familiar directo en esas otras ciudades dispuestas a iniciar una reagrupación familiar. “La mayor frustración llega cuando entienden que no pueden cumplir su proyecto migratorio, que es llegar y ponerse a trabajar para enviar dinero a sus familias”, señala el director general de la fundación SAMU. “No es verdad que en Ceuta la mayoría de los 1.000 niños que cruzaron quisieran volver con sus familias. Aún no hay datos oficiales y habrá que esperar pero me consta que la mayoría de las familias telefoneaban para saber si sus hijos habían llegado bien, pero no querían en ningún caso que volvieran a sus pueblos”, cuenta González de Escalada sobre el episodio ocurrido hace un mes en la ciudad autónoma. De esos menores, la mayoría, 800, siguen malviviendo en naves o polideportivos y otros 200, alertan las ONGsestán fuera del rádar del sistema de protección, posiblemente malviviendo en la calle.

“Estos chicos representan lo más valiente y lo más ambicioso de la sociedad porque un niño con 14 años que inicia una travesía así es un valiente. Que estén aquí nos beneficia como sociedad”, argumenta González de Escalada. El reporte de las empresas cuando encuentran un trabajo es “sensacional”, añade. El autor del estudio destaca que hay que conocer la realidad de estos menores de la forma más precisa posible, sin caer en estereotipos ni ocultar que la forma más directa para que no caigan en la delincuencia es ‘institucionalizar’ su atención, darles una oportunidad, una salida. “Hay datos que hay que asumir. Hay que ser realistas. Efectivamente, cuando se les pregunta si conocen a amigos que hayan sido tentados para delinquir afloran cifras que están ahí. Que no sabemos si son mayores o menores de las que arrojaría un estudio con menores que no fueran inmigrantes, pero están ahí”, apunta el director general de la Fundación SAMU. No han venido al trapicheo, sino a trabajar y a enviar dinero a sus familias, recuerda.

Fuente: El Confidencial

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