• 29 junio, 2022 2:00 pm

El 10% de los bebés de Bélgica que mueren son asesinados por los médicos de forma legal

«El aborto postnatal debería estar permitido en todos los países que aceptan el aborto como una práctica legal y ética», sostienen. Ya en 2012, dos investigadores italianos afincados en Australia dejaron claro que no hay diferencia entre el estatus moral de un feto y el de un recién nacido. No es el paso por el canal del parto lo que da al feto la dignidad de persona. Muy cierto. Pero esto, desgraciadamente, lo aprovecha por ejemplo Nueva Zelanda, que ha despenalizado el aborto con una de las leyes más extremas del mundo, pues exige que los niños que sobreviven a los abortos tardíos se dejen morir sin ayuda médica.

Por lo tanto, matar a un bebé es éticamente aceptable en todos los casos en los que el aborto es aceptable porque «el estatus moral del bebé es el mismo que el del niño no nacido; y si ninguno de los dos tiene ningún valor moral porque sólo es una persona potencial, entonces la misma razón debería justificar el asesinato de una persona potencial cuando acaba de nacer».

Ciertamente, no hay diferencia sustancial entre fetos y recién nacidos.

Sin embargo, a pesar del horror de la ley neozelandesa que permite la muerte de los bebés nacidos vivos pero «no deseados», en Europa ya ocurren cosas peores. La encuesta publicada en la revista Acta Obstetricia et Gynecologica Scandinavica lo anunciaba: los médicos y otros profesionales sanitarios de las regiones flamencas de Bélgica están dispuestos a practicar abortos tardíos y también son partidarios de legalizar el infanticidio. Están de acuerdo en que «en el caso de una enfermedad grave (no mortal) del recién nacido, es aceptable la administración de medicamentos con la intención expresa de acabar con la vida del recién nacido».

Por lo tanto, debería ser posible «interrumpir legalmente» la vida de los niños esperados, deseados y nacidos vivos si son discapacitados o padecen enfermedades graves. Por desgracia, no es la única posibilidad.

Asesinatos de niños

«Creo que mucha gente ha llegado a ver la eutanasia como una parte normal de las tareas de un médico, igual que el parto o la cirugía. Pero tengo la impresión de que una amplia y creciente minoría se hace una pregunta preocupante: «¿Dónde acabará esto?” Así se expresaba en las páginas de iFamNews el profesor Theo Boer, catedrático de ética sanitaria y gran defensor de la eutanasia en los Países Bajos, arrepentido ahora ante las dramáticas derivas alcanzadas por las prácticas eutanásicas. En su país, aunque aún no se ha extendido formalmente a los niños, las directrices del gobierno instruyen al fiscal para que no persiga a los médicos que practican la eutanasia a niños menores de 12 años bajo ciertos criterios.

Sin embargo, la realidad es aún peor: una autorizada revista médica, Archives of Disease in Childhood. Edición Fetal y Neonatal informa que nada menos que el 10% de todos los niños que murieron en Flandes entre 2016 y 2017 antes de cumplir un año fueron medicados por sus médicos con la «intención explícita de acortar su vida». Es decir, los mataron: esto es infanticidio.

El estudio, End-of-life decisions in infants and young children: a population-based mortality follow-up study, analiza las decisiones sobre el final de la vida (ELD, por “end of life decisions”), incluyendo el no tratamiento o la medicación para el dolor y/o los síntomas. El cuestionario anónimo enviado a los médicos muestra que en el 61% de los casos de muertes de niños en Flandes durante el periodo cubierto por la investigación, una ELD precedió a la muerte. Si bien «sólo» el 10% de los casos recibió medicación con la intención explícita de acortar la vida, también hay casos (hasta el 37%) de no administración o suspensión del tratamiento. Esto significa que estos niños murieron porque no se les ofreció la atención que necesitaban: se les dejó morir.

Luego hay otro 14% de casos en los que se administraron medicamentos con posibles, aunque no explícitas, consecuencias de acortamiento de la vida.

Esto significa que más de la mitad de los bebés y niños que murieron en Flandes entre 2016 y 2017 fallecieron como consecuencia de un acto deliberado, o por omisión, de los médicos con la intención -más o menos explícita- de acabar con la existencia de estos pequeños.

Lejos de denunciar la situación actual, los autores de la investigación, constatando el statu quo, sugieren la elaboración de una normativa que permita el infanticidio en condiciones más controladas, a riesgo, sin embargo, de «limitar a los neonatólogos en la toma de decisiones que consideren justificadas en el interés superior del niño». Se teme que un mayor control y evaluación de la práctica (es decir, el infanticidio) limite la actuación de los médicos. Todo ello, por supuesto, en nombre del «interés superior», que se ha convertido en una fórmula mágica en los Países Bajos, pero no sólo en ese país, para hacer aceptable cualquier fechoría.

El infanticidio, sin embargo, no es nunca una práctica médica ética. El mero hecho de que se plantee demuestra que «dar a los médicos (y cada vez más a las enfermeras) una licencia para matar acaba corrompiendo la medicina, desde el principio hasta el final de la vida».

Fuente: Info Vaticana

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