Casi 30 años después del lanzamiento del álbum ‘Nevermind’, el protagonista de la icónica portada que muestra a un bebé nadando en una piscina persiguiendo un billete de un dólar ha decidido demandar a Nirvana. Spencer Elden, ahora un adulto entrando en la treintena, alega que la instantánea por la que sus padres recibieron 200 dólares (unos 170 euros) constituye un delito de pornografía infantil y exige una indemnización por “los daños que ha sufrido y seguirá sufriendo de por vida”, según reza la demanda.

Más allá de los motivos detrás del proceso, lo cierto es que la demanda tiene muy pocos visos de prosperar. Al menos en España, donde el delito de pornografía infantil exige que las imágenes tengan una finalidad principalmente sexual. Es decir, que por el mero hecho de que aparezca un niño sin ropa no se puede considerar que una instantánea sea pornográfica, sino que tiene que haber un propósito erótico. En este sentido, el abogado de Elden, Robert Y. Lewis, asegura que esa intención se materializa al mostrar al bebé detrás de un billete, lo que a sus ojos le retrata “como un trabajador sexual”.

Ahora bien, hay otro elemento que llama la atención a los juristas, y es que la demanda vaya dirigida contra Nirvana en vez de los padres. Al fin y al cabo, ellos fueron los que autorizaron la fotografía y cedieron los derechos de su hijo en su nombre. En este sentido, ¿tendría más recorrido la reclamación de Elden si fuese en contra de los progenitores por vulnerar su imagen?

Paloma Zabalgo, abogada de familia, opina que tendría más sentido porque los padres tienen la patria potestad sobre sus hijos, «lo que los convierte en los responsables de sus derechos mientras son menores de edad». Esto no significa que sean los titulares, ya que hay ciertos derechos como el de la imagen o el honor que son personales e intransferibles, sino que tienen la facultad de ejercerlos en nombre del menor. Es decir, que pueden publicar imágenes de los niños e incluso ceder sus derechos de difusión (como ocurre en los casos de niños actores), pero «siempre velando porque sean adecuadas y no generen un perjuicio», recuerda la letrada.

En el caso de no cumplirse este último extremo, el hijo podría actuar en contra de sus padres por haber incumplido la obligación de salvaguardar sus derechos. Este fue el caso de un niño italiano que en 2017 demandó a sus padres por publicar fotos suyas en Facebook, acompañándolas de comentarios sobre su vida personal. El tribunal de Roma que atendió el caso condenó a los progenitores al entender que habían causado un daño al menor y ordenó no solo la eliminación de imágenes, sino también el pago de una multa de 10.000 euros a favor del hijo, que por aquel entonces tenía 16 años.

Identificar al bebé con el hombre adulto

En España también existen fallos similares, aunque en ningún caso han sido promovidas por el menor perjudicado, sino que las interpone uno de los padres contra el otro. Ejemplo de ello fue la condena que impuso la Audiencia Provincial (AP) de Cantabria a un hombre por publicar fotos de su hija en redes sociales. Las imágenes, colgadas en varias páginas web, estaban acompañadas de mensajes en los que el padre reivindicaba la custodia, que había sido otorgada judicialmente a su exmujer. El tribunal le acusó de utilizar a la niña para defender su postura en a un conflicto ajeno a ella y fijó una indemnización de 3.000 euros por vulnerar su derecho a la intimidad y la propia imagen.

Aun así, Zabalgo sigue sin ver probabilidades de éxito en el caso de Elden porque, para empezar, no es posible reconocer al adulto de 30 años con el bebé que nada en la portada de ‘Nevermind’. «No es identificable ni por el rostro ni porque en el álbum apareciera su nombre», apostilla. Pero, además, la abogada cree que el fracaso estaría asegurado porque el tiempo para ejercitar la acción de vulneración de derechos «ya habría expirado». De hecho, cree que enfocar la demanda como un posible delito de pornografía infantil podría ser una estrategia para, precisamente, evitar el plazo de prescripción, que en el ámbito civil suele ser más reducido que en el penal.

Interés del menor

Por su parte, Borja Adsuara, abogado experto en Derecho Digital, coincide en que es más lógico que la demanda se dirija a los padres por vulneración de la propia imagen. Sin embargo, tampoco cree que tuviera recorrido porque, para que exista una violación de derechos, tiene que probarse que la fotografía atenta contra el interés del menor y le ha perjudicado a su desarrollo e integridad. «Algo que no ocurre en este caso», defiende. En este sentido, la ley de protección jurídica del menor establece que hay intromisión cuando la imagen difundida «implique un menoscabo de la honra o reputación del menor, o que sea contraria a sus intereses, incluso si consta el consentimiento del menor o de sus representantes legales».

En todo caso, el letrado opina que la demanda busca, más que compensar la supuesta vulneración de un derecho, sacar rédito económico de una postal que se ha reproducido alrededor del mundo, convirtiéndose casi en un icono. Un propósito que encaja con la idea que el fotógrafo, Kirk Weddle, quiso transmitir con la instantánea: un recién nacido que, a pesar estar bajo el agua, indefenso y desnudo, perseguía el dinero.

Fuente: El Confidencial

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