En octubre de 2017 el periódico ‘The New York Times’ y la revista ‘New Yorker’ publicaron las acusaciones de acoso sexual que vertieron varias actrices contra el todopoderoso productor de Hollywood Harvey Weinstein, que al año siguiente sería detenido y hoy cumple veintitrés años de prisión por sus delitos. La alianza justiciera entre la prensa y un puñado de mujeres valientes se reprodujo en mayo de 2018 en las páginas de ‘Los Angeles Times’, cuando el rotativo publicó las historias de docenas de víctimas que sufrieron traumáticas experiencias a manos del ginecólogo de la poderosa institución académica privada del estado The University of Southern California.

Un año después George Tyndall, que aún espera juicio, fue arrestado acusado de dieciocho cargos de penetración sexual y once tocamientos indebidos, pero el alcance de sus abusos a lo largo de los veintisiete años que trabajó como médico en el campus llegó a decenas de miles de mujeres de entre 19 y 26 años.

No es que ninguna lo reportara durante ese tiempo, sino que el director ejecutivo del centro médico, Larry Neinstein, manejó esas denuncias con condescendencia hacia su amigo y apenas tomó acciones menores para evitar que siguieran ocurriendo. Una de las pocas fue la de cambiar el plano arquitectónico de la consulta para evitar que el ginecólogo pudiera aislarse con sus pacientes, algo que hacía rutinariamente sin permitir que le acompañase una enfermera, pese a habérsele exigido oficialmente en numerosas ocasiones.

Neinstein había fallecido dos años antes de que ‘Los Angeles Times’ publicase las denuncias, pero su correspondencia interna con el médico y las estudiantes que lo acusaban salió a la luz durante la investigación y dio pie a una demanda colectiva que la universidad saldó hace tres años por 215 millones de dólares, con los que compensó a 16.000 mujeres con entre 2.500 y 250.000 dólares.

852 millones de dólares

Como en el caso de Weinstein, un puñado de ellas optó por salirse de esa demanda colectiva al considerar que no les hacía justicia y han sido estas 710 mujeres las que este viernes lograron la mayor compensación de la historia que haya pagado nunca ninguna universidad por abuso sexual, 852 millones de dólares, que sumados a la cifra anterior ponen el precio de la complicidad pasiva en 1.100 millones de dólares.

Las víctimas, que recibieron la noticia entre lágrimas, no hablaban de dinero, sino del alivio que sentían al ver por fin a la universidad aceptar la culpa que antes había intentado silenciar a golpe de chequera. «Hemos podido probar en los tribunales que lo sabía durante la mayor parte de los treinta años en que Tyndall asaltó a esas mujeres», dijo satisfecho el abogado John Manly.

El ginecólogo pedía a sus pacientes que se desnudaran de cuerpo completo frente a él y les tomaba fotos. Con la excusa de buscar señales de cáncer de piel las acariciaba de arriba abajo y demandaba inspección ginecológica incluso para las que llegaban con dolor de estómago. Sin ropa en la silla del ginecólogo, con las piernas abiertas, le oían comentarios perturbadores sobre el pulso de sus labios vaginales, el aspecto de su depilación, su orientación sexual o las relaciones que mantenían. Incluso se permitía hablarles de sexo oral o de cómo el guitarrista de Megadeath tenía relaciones sexuales en las calles de Chicago.

Ésas eran las afortunadas. Los peores cincuenta casos se han saldado en privado con un acuerdo de confidencialidad que no permite hablar de la compensación recibida.

Fuente: El Correo

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