Éramos niños traviesos y molestos. Nada me gustaba tanto como cabrear a los abuelos sentados en los bancos de la plaza de la Constitución del pueblo hasta el extremo de que alguno nos gritase: *¡Veros de aquí!  Lo fascinante del vocablo *veros era que no se trataba del infinitivo del verbo ver, sino de una especie de mutación, de...
La explosión generalizada de anglicismos que terminará por dejarnos sin vocabulario propio es cosa de ahora. Pero, como dijo el padre Feijoo, “Siempre la moda estuvo de moda”: las frases en inglés nos gustaron desde la noche de los tiempos porque nos resultan exóticas. Somos un pueblo que maneja mal la lengua de Shakespeare y creemos que incrustar sus...

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