• 25 septiembre, 2022 7:31 pm

Captación de seres humanos con fines de explotación en la frontera de Ucrania

En todas las catástrofes humanitarias, el habitante del planeta es capaz de sorprender con lo mejor y lo peor. En la «encomiable» onda de solidaridad que arrecia en Europa para dar cobijo a la riada de tres millones de refugiados ucranianos, «siempre hay gente que se cuela en los circuitos y se aprovecha del más vulnerable». Son frases de alerta que emplea Michela Ranieri, experta en Política Exterior y Acción Humanitaria de la ONG Save the Children, que mira estos días con mucha preocupación hacia los niños que han llegado solos a la frontera de Ucrania, porque sus padres prefirieron dejarlos en el límite del país y volver a la guerra, pensando que así estarían sanos y salvos.

Los chiquillos, al igual que las mujeres que huyen despavoridas de la guerra de autor que acuña Vladímir Putin, llegan desorientados de todas las partes de Ucrania, tras decenas de horas en tren o caminando, con una maleta a cuestas. Exhaustos, en pleno caos, alguien les ofrece un transporte gratuito, un alojamiento próximo, que los aleje, a su vez, de las bombas. Y ahí, en esos puntos, estaciones de tren y pasos fronterizos de carretera de Rumanía, Moldavia y sobre todo de Polonia se han instalado organizaciones criminales a ambos lados de la frontera. El objetivo: traficar con ellos. «Se han detectado operaciones de compra y venta de personas, incluso», dice Ranieri.

Cáritas Europa fue la primera organización que lanzó recientemente un llamamiento internacional acerca de que la solidaridad desordenada tiene un peligro. Así lo advierte también Noelia de Pablo, responsable del Programa de Mujer, Prostitución y Trata de Cáritas Española. Esa ayuda tiene que vehicularse a través de las entidades autorizadas y las instituciones de los países que están canalizando la acogida de ciudadanos de Ucrania. De Pablo comenta a ABC cómo la alarma cundió cuando su personal, que opera en Ucrania desde el año 2010, «observó señales, movimientos de tratantes» en las zonas de frontera, instalados en puntos como Siret (Rumanía) o Dorohusk (Polonia).

«Ofrecen asistencia sanitaria, plazas de albergue y transporte rápido en otras regiones o países de Europa siempre fuera de los cauces oficiales y a personas a las que les urge un alojamiento temporal. No es nada fácil detectarlos por las organizaciones de la sociedad civil ni las instituciones –añade De Pablo–; por eso ahora es una medida clave el registro y la identificación de personas en los puntos de llegada y para el traslado. Se les ayuda con carteles en ucraniano, se les informa de rutas verificadas y se les ofrece números de teléfono seguros». La experta señala que «la mayoría de los refugiados son mujeres solas, madres o abuelas con menores, desesperadas y cansadas. O niños que salieron de manera separada a sus padres y están sin nadie. Los captan para la trata de blancas, explotación sexual, mendicidad y otros delitos».

A campos de trabajo

Conrado Jiménez, presidente de la Fundación Madrina, respondía ayer a este diario desde Varsovia, en mitad de la misión de un convoy humanitario que desplaza a siete autobuses y un avión para traer a nuestro país a un vasto contingente de 700 mujeres y niños ucranianos. Tras reunirse con responsables del Gobierno polaco y mostrarles su documentación como entidad autorizada por España para el desplazamiento de refugiados, Jiménez confirma la inquietud de las autoridades por los hechos que se están notificando: «Hay personas que están ofreciendo a los niños que llegan un pasaje a destino seguro y los reportan bajo engaño a un campo de trabajo para su explotación laboral».

El destino predilecto es Alemania, el ‘oasis’ de estas mafias para la trata de personas, enfatizan desde las ONG, por lo que otra organización, Jadwiga, ha lanzado el mismo SOS en Polonia y Alemania al detectar que hay personas vulnerables que salen de la atrocidad de una contienda para entrar en un presente de explotación miserable.

Desaparición de niños aún sin confirmar

«Los temores de lo previsible se confirman», corrobora la experta en Relaciones Internacionales de Save the Children a medida que van conociendo casos. Ya han desaparecido varias mujeres solas y algunos niños, confirman todas las ONG, aunque sus nombres no constan en un registro oficial por el caos de los primeros días. «La prostitución de mujeres y la oferta de vehículos gratuitos para poner final a su éxodo a cambio de servicios sexuales se está produciendo», prosigue Ranieri.

En Polonia un hombre de 49 años fue detenido la semana pasada acusado de violar a una mujer de 19 años en Wroclaw, comunicaron los agentes en la frontera. «En un contexto de guerra, se está produciendo pillaje, saqueos, reventa de ayuda humanitaria en el mercado negro y tráfico de personas –lamenta De Pablo–. El flujo migratorio masivo y descontrolado son el caldo de cultivo perfecto y estas personas son blanco fácil de las mafias. Hay que tener mucho cuidado».

Fuente: ABC

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