Como un cuento, una fábula o un run run corre la noticia por Sevilla desde hace dos años. Se comenta en voz baja a la salida de misa de domingo, pero nadie sabe nada en público y mucho menos nadie lo dice en voz alta, pero en abril de 2019 se denunciaron los hechos que se intentan silenciar en la Comisaría Centro de Sevilla. Fue entonces cuando la Unidad de Atención a la Familia y la Mujer (UFAM) del Cuerpo Superior de Policía Nacional comenzó a investigar un caso de violación sobre un menor de edad en el interior de la Hermandad de la Esperanza Macarena de Sevilla, que ahora será juzgado tras concluir una compleja y difícil investigación policial.

Un menor denunció que entre 2018 y 2019, en al menos tres ocasiones, sufrió «abusos sexuales tanto en la sede de la Hermandad como en actividades de su influencia», según el texto de la denuncia. El detonante que propició esta denuncia fue un suceso ocurrido el Sábado Santo de 2019, cuando el niño llamó a su padre en un mar de lágrimas y asustado contando que se habían aprovechado de él en los baños de un céntrico centro comercial de Sevilla.

Inmediatamente, se puso la correspondiente denuncia y la Policía comprobó que no sólo se abusó de él ese día sino presuntamente de más niños. Los agentes encargados del caso sospecharon entonces de la existencia de un inductor, mayor de edad, que los mandaba a ese lugar. El chico contó en comisaría que «mientras iba de camino al baño del establecimiento, un varón de unos 40 años le preguntó si sabía dónde estaba el baño, indicándole el dicente el lugar y acompañándole hasta los servicios. Que una vez en el servicio el dicente aprovechó para miccionar poniéndose el autor de los hechos en el urinario conexo. Que mientras el dicente miccionaba no paraba de mirarle sus partes íntimas. Que en cuanto terminó le agarró del brazo y lo metió en una de las cabinas que tiene wáter y forzó al dicente agarrándolo de la cabeza y agachándolo (…)».

La Policía interrogó al niño varios días y éste acabó confesando que fue alguien conocido y que interactuaba con ellos y provocó la confesión por parte del adolescente de otros casos anteriores. Entonces descubrieron que era un conocido miembro de la juventud del cuerpo de acólitos e incluso trabajador ocasional en las oficinas de la Hermandad de la Macarena de Sevilla. Su nombre es J.J.S., pero tiene un apodo por el que es conocido en toda Sevilla y que OKDIARIO se reserva para evitar su plena identificación, aunque ahora se sentará en el banquillo de los acusados en un juicio público.

El primer abuso denunciado por el menor se produjo durante el festival taurino organizado por la Hermandad de la Macarena el 12 de octubre de 2018. Los otros dos episodios se habrían producido en los propios baños de la Hermandad.

La investigación no ha sido nada fácil porque los agentes de la UFAM han tenido que sortear dificultades y zancadillas desde abril de 2019, primero por parte de la misma Hermandad y luego por la pandemia del Covid-19, que paralizó algunas gestiones judiciales.

Hay que explicar que la Real, Ilustre y Fervorosa Hermandad y Cofradía de Nazarenos de Nuestra Señora del Santo Rosario, Nuestro Padre Jesús de la Sentencia y María Santísima de la Esperanza Macarena de Sevilla tiene 16.000 hermanos y unos 3.000 nazarenos, procesiona desde el año 1615 y actualmente realiza su estación de penitencia durante la madrugada del Viernes Santo. Formar parte de la Hermandad es algo que se transmite de padres a hijos y fue lo que ocurrió en el caso de este joven, que tenía 15 años cuando ocurrieron los hechos y heredó la devoción religiosa de su abuelo y de su padre, ambos miembros de la Hermandad.

Trabas por parte de la Hermandad

Los agentes que han investigado el caso desde hace dos años se quejan de que en la Hermandad no han colaborado demasiado con la Policía para esclarecer los hechos y dos esclarecedoras anécdotas dan un ejemplo de esa escasa «colaboración»: en la Navidad de 2019 la Policía insistió en dar una charla a los más jóvenes para detectar otros posibles casos de abusos. Finalmente la Hermandad convocó la charla un día sin formación de niños, así que sólo asistieron a la misma tres formadores y algún miembro más de la Hermandad, con lo que los investigadores no obtuvieron el efecto deseado por su experiencia y es que algún otro niño se acerque tras la charla a algún agente y confiese un hecho similar, como ocurre con mucha frecuencia.

La segunda anécdota pertenece a las diligencias judiciales, que también se han encontrado con dificultades. La juez encargada del caso solicitó mediante un oficio a la Hermandad datos de los niños de un rango de edad para investigar. Finalmente, la Hermandad aportó datos de niños entre 6 y 7 años y de adultos entre 23 y 24 años, todos fuera del rango de la investigación. Mientras tanto, la juez sometía a diversos peritajes psicológicos a la víctima, corroborando la veracidad de la denuncia.

Pero la Policía no se rindió y comenzó a citar a testigos de esa lista de mayores de edad y uno de ellos proporcionó a los agentes nombres y edades de monaguillos y acólitos de 2017, 2018 y 2019 y asistentes a campamentos de verano en las fechas de referencia. La Policía solicitó este dato a la Hermandad para ponerse en contacto con los padres, no recibiendo respuesta alguna a día de hoy. La Hermandad de la Macarena de Sevilla ha argumentado siempre la Ley de Protección de Datos para no hacerlo.

Papel del arzobispado

El anterior arzobispo de Sevilla, monseñor Juan José Asenjo, tuvo conocimientos de los hechos en la Macarena de Sevilla que ahora serán juzgados y respondió por carta al padre de la víctima el 20 de abril de 2019, que ha podido ser consultada por OKDIARIO: «Veo que usted ha presentado la denuncia correspondiente ante el Juzgado de lo Penal de Sevilla, que es el procedimiento acertado. La Iglesia como tal no puede hacer nada aunque sea un miembro de la Hermandad. Las normas dictadas por la Santa Sede, en concreto por el Papa Francisco, se refieren a acosos o abusos sexuales perpetrados por eclesiásticos (…)».

No ha sido el único lugar al que acudieron los padres de la víctima, ya que tras la denuncia inicial del menor se activaron todos los protocolos y los padres pidieron una reunión con la Junta de Gobierno de la Hermandad que tuvo lugar en mayo de 2019 a la que acudieron los padres de la víctima por una parte y por otra el Hermano Mayor José Antonio Fernández Cabrero, el Mayordomo José Luis Notario y el Director Espiritual Antonio Mellet.

En esa reunión se pidió un voto de confianza a los padres que se quejaron de que el acusado seguía entonces trabajando con los menores de la Hermandad. Un mes después volvieron a reunirse y les comunicaron que habían realizado una investigación interna y que «la encargada de formación les había indicado que era la víctima quien se ‘encontraba siempre cerca del acusado’, como excusa», aseguran los padres.

La Hermandad, por orden de la Junta de Gobierno, borró entonces las fotos de sus redes sociales donde aparecía el acusado, algo que pudieron confirmar los investigadores de la Policía. En julio de 2019 se producía la tercera y última reunión entre la Hermandad y la familia de la víctima, donde lejos de aportar soluciones les proponen que sometan al niño «a un tratamiento».

Mientras tanto, el sospechoso J.J.S. fue detenido y pasó dos días en el calabozo de la Policía. Además de ser interrogado se le intervinieron los ordenadores y teléfonos móviles. Cuando regresó a la Hermandad explicó, para justificar su ausencia, que había estado ingresado en la Clínica Sagrado Corazón por «una gastroenteritis». J.J. S. continuó colaborando con la Hermandad hasta octubre de 2019 cuando la presión de la Policía le obligó a dejar sus actividades. Ahora tendrá que enfrentarse a juicio.

Fuente: Ok Diario

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